Los Yankees volvieron a quedarse fuera antes de lo que exige su historia. Tampa Bay los barrió 3-0 en la Serie Divisional y convirtió una temporada que terminó con 93 victorias en otra decepción de octubre.
No fue una eliminación cualquiera: es la segunda temporada consecutiva en la que Nueva York cae en la Serie Divisional y la cuarta vez en nueve temporadas que el equipo termina en esa ronda bajo Aaron Boone. En el Juego 3, los Yankees perdieron 4-3 en el Bronx, después de haber producido apenas cinco hits en los dos primeros encuentros de la serie.
Y aquí aparece el nombre que inevitablemente domina el debate: Aaron Boone.
Sus números de temporada regular son difíciles de atacar: 790-565 (.583) en nueve años, ocho clasificaciones a la postemporada y un banderín de la Liga Americana en 2024. Pero los Yankees no contratan managers para acumular temporadas ganadoras; los contratan para ganar en octubre.
Boone tiene ahora récord de 27-30 en playoffs y, aunque llevó a Nueva York a la Serie Mundial una vez, no ha conseguido el título. El problema no es que Boone sea un mal manager. El problema es que, después de nueve temporadas, todavía no ha demostrado ser el manager capaz de llevar a los Yankees hasta el último paso.
¿Es Boone el culpable de todo? No. ¿Puede seguir siendo considerado intocable? Tampoco. Esa es la discusión seria.
Hay decisiones suyas que merecen cuestionamiento, especialmente en una postemporada donde cada turno, cada matchup y cada movimiento del bullpen puede cambiar una serie. Pero también sería demasiado cómodo convertir al manager en el único responsable de un problema estructural.
Los Yankees llevan años construyendo equipos capaces de dominar la temporada regular y, al mismo tiempo, mostrando dificultades para responder cuando el béisbol de octubre reduce el margen de error a casi cero. Incluso en esta serie, Boone señaló después de la eliminación que al equipo le faltó ser más completo ofensiva, defensiva y desde el pitcheo.
¿Cuánto pesó Aaron Judge? Muchísimo.
No hay que inventar una explicación: los Yankees perdieron a su mejor bate para la serie más importante del año. Judge se perdió alrededor de 100 partidos durante la temporada y finalmente no pudo participar en esta Serie Divisional. El propio Judge reconoció después de la eliminación que le dolía no poder contribuir, mientras también pidió a la organización ir “all-in” para construir un equipo capaz de ganar el campeonato.
Pero aquí hay otra verdad incómoda: si la ausencia de un jugador explica toda la eliminación, entonces los Yankees tienen un problema todavía mayor. Una franquicia con aspiraciones de campeonato no puede depender de que un solo hombre esté saludable para tener posibilidades reales en octubre. Judge es probablemente el jugador más importante de la organización, pero precisamente por eso la gerencia debía construir alrededor de él una plantilla suficientemente profunda para sobrevivir a una lesión. Y Tampa Bay acaba de demostrar que la profundidad, la ejecución y la capacidad de fabricar carreras pueden ser más importantes que la nómina o los nombres. La lesión de Judge explica una parte enorme de la derrota; no explica por sí sola una barrida.
Ahora viene lo verdaderamente importante: ¿qué hacen los Yankees a partir de mañana? La respuesta no puede limitarse a cambiar dos o tres jugadores secundarios.
Aaron Judge ya lanzó el mensaje: la organización debe ir con todo. Eso significa revisar el roster de arriba abajo, mejorar la producción ofensiva alrededor de Judge, fortalecer el pitcheo, aumentar la profundidad y preguntarse si la estructura actual está diseñada para ganar una Serie Mundial o simplemente para llegar nuevamente a octubre. Y también significa tomar una decisión incómoda sobre Boone. Brian Cashman y Judge han expresado públicamente su respaldo al manager, y Boone espera regresar en 2027, pero su contrato entra en su última temporada.
Mi opinión es que los Yankees deberían despedir a Aaron Boone; y si vuelve, necesitan dejar de protegerlo de la evaluación que corresponde a cualquier dirigente después de nueve temporadas. No basta con ganar 90 partidos, ganar la división o llegar a los playoffs. El estándar tiene que ser llegar a octubre preparado para ganar cuatro series. Y si la organización concluye que Boone ya no es el hombre indicado para romper ese techo, entonces debe tener el valor de cambiar. Lo mismo vale para Cashman y para la construcción del roster.
Porque el verdadero problema de los Yankees no es haber perdido contra Tampa Bay. El problema es que Nueva York vuelve a octubre y termina haciéndose las mismas preguntas. Judge necesita estar sano. El roster necesita ser más profundo. La ofensiva necesita responder bajo presión. El pitcheo debe sostener los partidos grandes. Y Boone, si continúa, debe demostrar que puede convertir talento en campeonato.
La camiseta ya no gana partidos. La historia tampoco. Los Yankees llevan 26 años esperando otra Serie Mundial y, mientras sigan confundiendo éxito con llegar a la postemporada, el próximo octubre puede terminar exactamente igual que este.




