Las recientes declaraciones de Albert Pujols, al asegurar que «el 95% de los peloteros dominicanos no quieren hablar con los periodistas deportivos dominicanos», han provocado una fuerte reacción dentro del periodismo deportivo de la República Dominicana y entre comunicadores que cubren el béisbol de Grandes Ligas.
La afirmación del futuro miembro del Salón de la Fama ha sido considerada por muchos como una generalización sin fundamento.
Hablar en nombre de prácticamente todos los peloteros dominicanos resulta una conclusión difícil de sostener cuando, día tras día, decenas de jugadores continúan ofreciendo entrevistas a periodistas tanto en República Dominicana como en Estados Unidos.
Más que un análisis de la realidad, las palabras de Pujols parecen reflejar una percepción personal nacida de sus propias experiencias.
Sin embargo, trasladar esa percepción al universo completo de los peloteros dominicanos ha generado indignación entre los profesionales de la comunicación deportiva.
Para quienes han cubierto durante décadas el béisbol de Grandes Ligas, las declaraciones de Pujols no sorprenden.
Durante gran parte de su extraordinaria carrera como jugador fue reconocido por su talento dentro del terreno, pero también por mantener una relación distante con numerosos periodistas dominicanos.
En múltiples ocasiones, especialmente durante visitas a Nueva York, era evidente su poca disposición para atender a la prensa de su país. Mientras ofrecía entrevistas a medios estadounidenses, muchos reporteros dominicanos esperaban sin éxito la oportunidad de hacer una pregunta.
Esa actitud contribuyó a crear la imagen de un pelotero reservado, de carácter fuerte y poco receptivo al cuestionamiento periodístico.
Muchos colegas recuerdan que, además de evitar entrevistas, sus respuestas solían ser secas y acompañadas de un lenguaje corporal que no invitaba precisamente al diálogo.
Ahora, en su nueva etapa como dirigente, la situación parece repetirse.
Dirigir un equipo implica exponerse diariamente al análisis público.
Cada cambio de lanzador, cada decisión táctica y cada movimiento del juego será evaluado por periodistas, fanáticos y especialistas. Esa es la naturaleza del cargo.
Sin embargo, en varias oportunidades Pujols ha mostrado incomodidad cuando recibe preguntas relacionadas con decisiones estratégicas que no produjeron el resultado esperado.
En lugar de explicar los argumentos de sus movimientos, sus respuestas han sido percibidas por algunos comunicadores como cortantes o cargadas de molestia.
El periodismo deportivo no tiene como función únicamente elogiar. También debe cuestionar, analizar y buscar respuestas cuando una decisión genera dudas. Esa labor forma parte esencial de una prensa libre y responsable.
Existe una diferencia entre una pregunta incómoda y un ataque personal.
Los periodistas que cubren diariamente el béisbol tienen la responsabilidad de preguntar aquello que interesa a los aficionados.
Cuando una estrategia falla o una decisión genera controversia, es completamente legítimo pedir explicaciones al dirigente.
Aceptar ese escrutinio forma parte del liderazgo. Los grandes dirigentes entienden que las preguntas difíciles son parte del trabajo y responden con argumentos, no con molestia.
Las palabras de Pujols también corren el riesgo de crear una división innecesaria entre los propios peloteros y la prensa dominicana.
Afirmar que el 95% de los jugadores no desea hablar con los periodistas transmite un mensaje negativo que no necesariamente refleja la realidad.
Cada temporada son numerosos los peloteros dominicanos que ofrecen entrevistas con respeto y profesionalismo, entendiendo que la prensa cumple un papel importante en la difusión de sus carreras.
Generalizar solo contribuye a deteriorar una relación que históricamente ha sido fundamental para promover el béisbol dominicano a nivel internacional.
Albert Pujols construyó una carrera extraordinaria que nadie puede discutir. Sus números hablan por sí solos y su legado como jugador permanecerá para siempre.
Pero ese prestigio también implica una gran responsabilidad en cada declaración pública.
El respeto hacia la prensa debe ser tan importante como el respeto que los periodistas muestran hacia los protagonistas del juego.
Las diferencias de criterio siempre existirán, pero convertirlas en ataques generales contra todo un gremio no beneficia a nadie.
Si Pujols aspira a consolidar una exitosa carrera como dirigente, deberá comprender que las preguntas difíciles nunca desaparecerán.
Al contrario, mientras mayor sea la responsabilidad que ocupe, mayor será también el nivel de exigencia y de análisis sobre su trabajo.
La crítica responsable forma parte del deporte. Saber convivir con ella también es una cualidad que distingue a los grandes líderes.









