NUEVA YORK.─ Por encima de cualquier estadística o expectativa, lo que marcó el tono de Freddy Peralta en su primera gran responsabilidad con los Mets de Nueva York fue el mensaje que lo define: mantener unido al grupo desde el primer día.
Ese principio, más que su designación como abridor del Día Inaugural, revela la esencia del lanzador dominicano de cara a una temporada que inicia este 26 de marzo en Citi Field frente a los Piratas de Pittsburgh.
La noticia llegó de forma inesperada. En medio de un entrenamiento, Peralta fue llamado a la oficina del dirigente Carlos Mendoza y, sin anticiparlo, recibió la confirmación: sería el encargado de abrir la temporada.
“Se sintió muy bien”, confesó. No solo por el honor que representa para cualquier pelotero, sino por el contexto: su llegada a una nueva organización que deposita en él una responsabilidad de alto calibre desde el primer momento.
Para Peralta, el gesto va más allá de lo deportivo. Es una señal de confianza que, según sus propias palabras, “dice mucho del equipo”. Y esa confianza la devuelve con una filosofía clara: cohesión interna, comunicación constante y una mentalidad colectiva que trascienda resultados individuales o derrotas recientes.
Aunque reconoce que siempre visualizó la posibilidad de asumir ese rol, también fue realista. Sabía que en un roster con talento diverso, la designación podía recaer en cualquier brazo. Aun así, mantuvo sus expectativas altas, una mentalidad que ahora se traduce en responsabilidad.
En sus primeras semanas dentro de la organización, el derecho ha identificado un punto clave: la integración total del grupo. Desde los jugadores jóvenes hasta los veteranos, pasando por coaches, personal de gimnasio y analistas de video, Peralta insiste en que el éxito comienza con la unidad.
“Cuando la comunicación fluye, todo funciona mejor”, enfatizó, subrayando uno de los pilares fundamentales del béisbol moderno.
Su liderazgo, sin embargo, no responde a discursos elaborados ni a posturas impostadas. Es, en esencia, autenticidad. “Ser yo mismo”, repite como norma.
Para Peralta, el impacto en un clubhouse se construye desde la cercanía, la positividad y la disposición de ayudar, especialmente a los más jóvenes. Pero también desde la humildad de aceptar apoyo cuando sea necesario, fomentando un ambiente de confianza mutua.
El contexto añade una capa emocional especial. Abrir la temporada en Nueva York no es solo un reto profesional, sino la materialización de un sueño de infancia.
El mismo escenario que alguna vez visitó como jugador joven ahora lo recibe como protagonista. La designación como abridor del Día Inaugural no solo representa un logro personal, sino también un momento significativo para su familia.
Con esa mezcla de emoción, responsabilidad y enfoque colectivo, Freddy Peralta se presenta en el montículo como algo más que el abridor de un partido: como el eje de una narrativa que los Mets esperan construir desde el primer lanzamiento de la temporada.



