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CITI FIELD, QUEENS, NY.─ Martín Pérez ha encontrado en la temporada 2026 un punto de equilibrio importante en su carrera dentro de las Grandes Ligas, no solo por su rendimiento en el terreno de juego, sino también por el ambiente competitivo y humano que ha descubierto con los Bravos de Atlanta, organización a la que llegó inicialmente con un contrato de ligas menores y en la que terminó ganándose un puesto en el equipo grande casi de inmediato.
El inicio de su etapa en Atlanta no fue bajo luces de protagonismo garantizado.
Pérez comenzó en Triple A como parte de un acuerdo de profundidad organizacional, pero su respuesta fue tan consistente y convincente que el cuerpo técnico no tardó en subirlo al roster de MLB.
Desde entonces, el zurdo ha sido una pieza funcional y versátil, capaz de adaptarse tanto al rol de abridor como al de relevista, dependiendo de las necesidades del equipo en distintos momentos de la temporada.
En lo estrictamente deportivo, su desempeño ha sido uno de los aspectos más positivos dentro del cuerpo de lanzadores de Atlanta.
Con marca de 5 victorias y 3 derrotas, efectividad de 2.90 en 62.0 entradas lanzadas y 51 ponches propinados, Pérez ha mostrado estabilidad, control del juego y una capacidad de respuesta importante en situaciones de presión.
Más allá de los números, su valor también se refleja en la flexibilidad táctica que le ha ofrecido al manager, funcionando como un brazo confiable tanto en aperturas de emergencia como en labores desde el bullpen.
Este resurgir competitivo tiene aún más peso si se considera el contexto inmediato de su carrera.
El 2025 fue una temporada marcada por dificultades físicas y problemas de salud que limitaron su continuidad, afectaron su ritmo de competencia y redujeron su impacto en el montículo.
Sin embargo, lejos de convertirse en un punto final, esa etapa parece haber funcionado como un proceso de recuperación y reinvención.
En 2026, Pérez ha regresado con mejor condición, mayor claridad en su rol y una mentalidad enfocada en aportar desde cualquier escenario.
Pero más allá del rendimiento estadístico, lo que ha llamado la atención en sus declaraciones recientes es la conexión emocional y profesional que ha establecido con la organización de Atlanta.
En su visión, no se trata únicamente de resultados, sino de cultura interna, comunicación y ambiente de trabajo.
En ese sentido, el zurdo no ha dudado en colocar a los Bravos en un nivel alto dentro de las franquicias en las que ha militado durante sus 15 años de carrera en MLB.
“Totalmente. Una organización que te entrenan de una manera distinta y te entrenan para ganar campeonatos. Son equipos que siempre tienen la visión en otro nivel. Aquí hemos demostrado que estamos de primero porque tenemos buena química, buenos jugadores. Aquí no hay ego, todos somos iguales”, expresó el veterano lanzador, destacando un elemento que, según él, marca la diferencia dentro del clubhouse.
Ese concepto de “no hay ego” ha sido reiterado por Pérez como una de las claves del éxito colectivo.
En su análisis, la mezcla entre jugadores experimentados y jóvenes no se convierte en una barrera generacional, sino en un punto de equilibrio que fortalece la dinámica del equipo.
Los veteranos, según explica, cumplen un rol de guía sin imponer jerarquías rígidas, mientras que los jugadores jóvenes son integrados de manera natural al núcleo competitivo del grupo.
“Lo más importante que tenemos es que no hay ego. Todos somos iguales. Yo que tengo 15 años jugando béisbol, y hay muchachos con 16 o 17 años en el sistema, aquí lo que se busca es que los jóvenes se sientan parte del equipo. No porque yo sea más viejo voy a limitar a nadie. Eso ya quedó atrás, aunque siempre con respeto y comunicación cuando algo no está bien”, añadió.
Ese ambiente, según el propio Pérez, ha sido determinante para su nivel de comodidad dentro del club.
El lanzador no solo se refiere a su rendimiento en el terreno, sino también a su vida personal y estabilidad emocional dentro de una etapa de su carrera en la que la movilidad entre equipos ha sido constante en los últimos años.
“Definitivamente esta ha sido una de las organizaciones donde mejor me he sentido. Yo sé lo que tuve con Texas muchos años, pero aquí el trato ha sido bastante agradable y me siento como en casa”, explicó, estableciendo una comparación directa con etapas anteriores de su trayectoria profesional.
Ese sentimiento de estabilidad adquiere un valor adicional cuando el propio jugador introduce el factor familiar como parte de su análisis.
Con hijos y años de cambios constantes de ciudad, Pérez reconoce que la continuidad en un mismo entorno representa un beneficio no solo deportivo, sino también personal.
La adaptación constante a nuevas ciudades, nuevos sistemas y nuevas rutinas ha sido, según sus palabras, uno de los desafíos menos visibles de su carrera.
En ese contexto, el zurdo también fue claro al hablar sobre su futuro, manteniendo una postura realista pero abierta.
Reconoce que el béisbol es un negocio y que las decisiones finales no dependen únicamente del jugador, pero al mismo tiempo deja claro su interés en permanecer en Atlanta si las condiciones lo permiten.
“Me gustaría quedarme. Tengo hijos y es difícil estar moviéndose de ciudad en ciudad. No hay estabilidad para ellos. Pero esto es un negocio, yo tengo que salir a competir, hacer mi trabajo y poner mis números, y después ver qué pasa al final de la temporada”, afirmó.
Con una temporada 2026 sólida, un rol flexible dentro del staff de lanzadores y una integración clara al clubhouse, Martín Pérez no solo ha recuperado valor deportivo, sino también presencia como voz veterana dentro de un equipo que compite con aspiraciones altas.
Su futuro inmediato dependerá de negociaciones y decisiones estructurales, pero su mensaje ha sido claro: en Atlanta ha encontrado rendimiento, estabilidad y un entorno en el que, al menos por ahora, se siente plenamente identificado.



