(2 de 2)
YANKEE STADIUM, Bronx, NY.─ Ocho días después de los dos devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, el panorama sigue siendo crítico, con escenas de destrucción, dolor humano y esfuerzos de rescate que se extienden entre escombros, incertidumbre y esperanza.
Las autoridades han confirmado hasta el momento 1,450 fallecidos, mientras que cerca de 50,000 personas continúan desaparecidas, en una cifra que podría variar a medida que avanzan las labores de búsqueda.
A esto se suma el colapso total de 189 edificios y cientos de estructuras gravemente afectadas, lo que ha dejado comunidades enteras prácticamente borradas del mapa.
Las brigadas de rescate, junto a voluntarios y equipos internacionales, continúan trabajando sin descanso en las zonas más golpeadas, aunque las réplicas y el riesgo de nuevos colapsos complican cada vez más las operaciones.
En medio de este escenario, el jugador venezolano de los Yankees de Nueva York, Oswaldo Cabrera, no pudo ocultar su profunda tristeza al referirse a la tragedia que enluta a su país desde el Yankee Stadium.
“Triste, triste por todo lo que está pasando, triste por toda la situación. Uno está devastado por dentro, porque aunque uno esté aquí, el corazón está allá con Venezuela. Es muy duro ver lo que está pasando”, expresó con evidente tristeza.
El utility venezolano explicó además que, aunque su familia cercana se encuentra a salvo, el impacto emocional es enorme por la cantidad de amistades y conocidos afectados.
“Conozco amistades que tienen familiares envueltos en esta tragedia. Es muy lamentable, nadie quiere pasar por algo así. Uno siente el dolor de todo el país”, agregó.
Cabrera también aprovechó el momento para enviar un mensaje de unidad y fortaleza al pueblo venezolano, apelando a la esperanza en medio de la crisis.
“Creo que es momento de mantenernos unidos, con fe y fuerza. Apoyarnos unos a otros es lo más importante. Estando juntos vamos a salir adelante”, dijo el jugador.
Desde Nueva York, su testimonio se suma al de miles de venezolanos dentro y fuera del país que viven con angustia una de las peores emergencias naturales de los últimos años en la región, marcada por la pérdida, la incertidumbre y el dolor colectivo.



