Lo que hoy vive Wander Franco no solo representa un proceso judicial de alto perfil ni una noticia que golpea al béisbol dominicano.
Es, sobre todo, una tragedia humana que debe servir de reflexión para toda una generación de muchachos que salen de barrios humildes y, de un día para otro, se convierten en millonarios antes incluso de alcanzar una verdadera madurez emocional.
No se trata de justificar errores, mucho menos de minimizar acusaciones tan delicadas como las que hoy enfrenta el campocorto de los Tampa Bay Rays.
La justicia debe hacer su trabajo y determinar responsabilidades. Pero también resulta imposible no lamentar que un talento de ese nivel, con una carrera llamada a marcar época, hoy esté peleando por su libertad en un tribunal y no por un campeonato en un estadio.
Y aquí aparece una pregunta obligatoria: ¿quién orienta realmente a estos muchachos cuando firman contratos multimillonarios?
Muchos de nuestros peloteros llegan a las organizaciones de las Grandes Ligas, siendo prácticamente adolescentes.
Saben batear, correr, defender, competir, pero muchas veces no están preparados para manejar la fama, las tentaciones, el dinero, las malas compañías ni las personas que se acercan con intereses ocultos.
De repente tienen vehículos de lujo, casas, cuentas bancarias con cifras impensables, pero no siempre cuentan con una estructura humana capaz de protegerlos de sí mismos.
Ahí es donde fallamos todos: familia, entorno, asesores, academias e incluso el propio sistema.
Un pelotero joven no solo necesita un entrenador de bateo o un instructor defensivo. Necesita mentores. Necesita consejeros legales. Necesita educación financiera. Necesita personas que puedan decirle “no” cuando todos alrededor solo quieren decirle “sí”.
Porque un mal swing se corrige en la caja. Pero una mala decisión fuera del terreno puede destruir una carrera, una reputación y una vida entera.
El caso de Wander Franco debe dolerle al béisbol dominicano, no por el escándalo mediático, sino porque detrás de este proceso hay un recordatorio brutal.
El talento por sí solo nunca será suficiente si no viene acompañado de guía, disciplina y gente correcta alrededor.
Ojalá esta historia, más allá del veredicto que emitan los jueces, sirva para salvar otras carreras antes de que sea demasiado tarde.









