CITI FIELD, QUEENS, NY.— Antes de convertirse en uno de los rostros más particulares de los Mets de Nueva York y de llamar la atención en las Grandes Ligas con su peculiar manera de celebrar los ponches, Jefry Yan construyó una parte fundamental de su historia en la pelota dominicana con las Estrellas Orientales.
Fue en LIDOM donde su brazo comenzó a ganar notoriedad y donde también empezó a tomar forma esa personalidad desbordante que hoy lo identifica en el montículo.
Sus celebraciones después de los ponches, sus saltos y la intensidad con la que vive cada enfrentamiento hicieron de Yan uno de los relevistas más llamativos del campeonato invernal.
Su llegada a las Estrellas se produjo en la temporada 2023-24, después de ser adquirido en un cambio con los Toros del Este.
En su primera campaña con el conjunto oriental participó en 19 partidos, trabajó 18 entradas, ponchó a 25 bateadores, concedió cinco boletos y terminó con efectividad de 3.50, además de registrar un salvamento.
Un año después, Yan elevó considerablemente su nivel.
En la temporada 2024-25 apareció en 25 encuentros, lanzó 21 entradas y terminó la serie regular con efectividad de 1.71 y 26 ponches.
Aunque su actuación en la semifinal de aquella campaña no tuvo la misma efectividad, Yan encontró posteriormente una nueva oportunidad con los Leones del Escogido, con quienes fue determinante en la postemporada y terminó celebrando un campeonato.
Su relación con las Estrellas, sin embargo, continuó.
En 2025-26 volvió a vestir el uniforme oriental y registró 20 apariciones, 23 entradas, 28 ponches y efectividad de 3.13, con un WHIP de 0.96.
En sus tres temporadas de serie regular con las Estrellas, Yan acumuló 64 apariciones, 62 entradas y 79 ponches, con efectividad de 2.76.
Más allá de esas cifras, el equipo representó para él una oportunidad que considera decisiva en su desarrollo.
“Las Estrellas Orientales me dieron la vuelta”, afirmó Yan al hablar de la importancia que tuvo la organización en su carrera.
Ahora la historia tiene otro capítulo. Yan se encuentra en la recta final de su primera temporada en las Grandes Ligas con los Mets y, aunque reconoce que todavía tiene compromisos pendientes en Nueva York, ya comienza a mirar hacia la pelota invernal.
Pero no piensa regresar precipitadamente.
“No, de una vez no. Vamos a esperar que tome su tiempo, hay que descansar y luego vemos qué es lo que”, explicó.
El lanzador calcula que podría tomarse varias semanas antes de incorporarse nuevamente a la competencia, aunque todo dependerá de cómo termine físicamente la temporada.
Y en ese aspecto, Yan tiene una respuesta contundente.
“Al 100”, aseguró cuando fue consultado sobre su estado de salud.
Para él, sentirse bien físicamente es el punto de partida para recuperar la mecánica, la concentración y todos los elementos necesarios para competir.
“Todo, todo, todo”, respondió al hablar de los aspectos que deben estar en orden cuando llegue el momento de volver al terreno.
Antes de ponerse nuevamente el uniforme, sin embargo, existe otra prioridad: la familia.
“Primeramente, hay que darle tiempo a la familia, porque uno se va por mucho tiempo. Los hijos están en la escuela y uno por aquí. Hay que darle su tiempo también y después de ahí pasamos la página”, manifestó.
La madurez que le ha dado su primera experiencia en las Grandes Ligas también se refleja en la manera en que Yan contempla su regreso a la pelota dominicana.
Ya no se trata simplemente de volver a lanzar. Ahora llega con otra experiencia, otro escenario y la conciencia de que las Estrellas fueron parte importante del camino que lo condujo hasta Nueva York.
En el terreno, tampoco habrá concesiones para los rivales.
Yan reconoce que mantiene una particular intensidad cuando enfrenta a cualquiera de los equipos de LIDOM, aunque admite que existe un duelo que le despierta una adrenalina especial.
“Con todito yo tengo espinita”, dijo entre risas.
Pero el Licey ocupa un lugar diferente en esa lista.
“No es lo mismo cuando uno juega contra el Licey, porque cuando tú juegas contra el Licey es un equipo que, en un abrir y cerrar de ojos, te hace un lío. Entonces siempre voy con una espinita detrás”, explicó.
Las Águilas Cibaeñas tampoco escapan de su espíritu competitivo, pero Yan insiste en que no importa el rival: nunca baja la guardia.
“Son con todos los equipos. Por eso nunca bajo mi guardia, aunque sea con quien sea, siempre sigo siendo el mismo”, sentenció.
Esa intensidad también forma parte del espectáculo que los fanáticos esperan cuando Yan sube al montículo.
Sus celebraciones se han convertido en uno de sus sellos, pero el propio lanzador las entiende como una extensión de la emoción del juego.
“Ellos saben que uno hace lo que uno hace para uno divertirse”, explicó.
Yan disfruta tanto la victoria como la batalla. Incluso cuando el resultado no le favorece, mantiene su particular manera de vivir el béisbol.
“Cuando uno gana una batalla con un bateador y cuando a mí me dan hits también, yo también me lo disfruto con los mismos bateadores”, expresó.
Ahora, cuando llegue el momento de regresar a República Dominicana, los fanáticos de las Estrellas Orientales esperan reencontrarse con aquel lanzador que convirtió cada ponche en una celebración y cada entrada en un desafío.
Pero Yan no quiere prometer un espectáculo diferente ni hablar demasiado de sus celebraciones. Su meta está definida y es mucho más grande.
“Nosotros queremos campeón. Eso es lo que nosotros queremos: quedarnos con la corona y nada, nada, nada, nada hasta que se dé”, afirmó.
Desde las Estrellas Orientales hasta los Mets de Nueva York, el recorrido de Jefry Yan ha estado marcado por oportunidades, aprendizaje, competencia y una personalidad que no pasa desapercibida.
Ahora vuelve a mirar hacia San Pedro de Macorís con la experiencia de las Grandes Ligas sobre sus hombros y el mismo espíritu competitivo que comenzó a mostrar en LIDOM.
La historia continúa donde una parte importante de ella comenzó.








