CITI FIELD, QUEENS, NY.─ La historia de Jefry Yan no comenzó el 5 de agosto de 2026, cuando finalmente pisó un montículo de Grandes Ligas con el uniforme de los Mets de Nueva York.
Comenzó mucho antes, cuando tuvo que aprender a convivir con la espera, las oportunidades que no llegaron y las organizaciones que decidieron no apostar por él.
Por eso, ahora que está en el equipo grande, Yan no habla solamente de béisbol. Habla de perseverancia.
“Seguí siempre firme, nunca bajé la cabeza, nunca rendirme”, expresó el lanzador zurdo dominicano durante una conversación con NYC SPORTS NEWS en Nueva York.
“Primeramente Dios, que Dios da la última palabra, pero también uno como ser humano la tiene”.
A sus 30 años, Yan está viviendo una de las etapas más importantes de su carrera.
Nacido el 17 de agosto de 1996 en San Rafael del Yuma, República Dominicana, el pitcher de 6 pies y 3 pulgadas finalmente recibió la oportunidad que había perseguido durante más de una década.
Su debut con los Mets se produjo el 5 de agosto de 2026.
Hasta el 4 de septiembre, Yan había participado en 11 encuentros, todos como relevista, con marca de 1-1, efectividad de 4.09, 11.0 entradas lanzadas, nueve hits permitidos, cinco carreras limpias, nueve boletos y 13 ponches, además de un WHIP de 1.64.
Su capacidad para provocar swings fallidos y conseguir ponches ha sido uno de los elementos más llamativos de su repertorio.
En sus primeras 11 entradas consiguió 13 ponches, equivalente a 10.6 ponches por cada nueve entradas. Al mismo tiempo, el control ha representado su principal área de trabajo, con nueve boletos en ese recorrido.
Pero reducir la historia de Yan a sus estadísticas sería dejar fuera lo más importante.
Su llegada a las Grandes Ligas representa la culminación de 13 años de carrera profesional.
Antes de ponerse el uniforme de los Mets en el nivel más alto, tuvo que recorrer un camino mucho más largo que el de otros jugadores.
En 2024, por ejemplo, lanzó en Japón con los Saitama Seibu Lions y también tuvo actuación en la pelota dominicana con las Estrellas Orientales.
Con Seibu registró 5.58 de efectividad en 30.2 entradas, mientras que en la Liga Dominicana tuvo una efectividad de 1.71 en 21 entradas.
Todo ese recorrido, lejos de quitarle confianza, parece haberle dado una perspectiva diferente sobre lo que significa llegar a las Grandes Ligas.
“Muchos han batallado, pero nunca han podido llegar; otros sí. A algunos se les hace más fácil, a otros no, como yo, que duré 13 años”, manifestó.
Por eso, vestir la camiseta de los Mets tiene para Yan un significado que va mucho más allá del uniforme.
“Un orgullo más como dominicano y darle las gracias a Dios todo el tiempo por eso”, dijo.
Y detrás de esa satisfacción existe también un sentimiento de gratitud hacia una organización que finalmente le abrió las puertas.
“Muchas organizaciones tampoco me dieron la oportunidad, no creyeron, pero hoy en día estamos aquí y hay que seguir adelante”, señaló.
La magnitud de su llegada tampoco se le escapa. De repente, aquel jugador que durante años tuvo que luchar por una oportunidad comparte clubhouse con figuras que durante mucho tiempo solamente había visto por televisión.
Juan Soto y Francisco Lindor son ahora sus compañeros. Y al otro lado del terreno aparecen nombres que antes solamente conocía por videos y transmisiones.
“Lo más impresionante para mí es jugar con estrellas que uno siempre vio jugar, que uno veía por televisión”, explicó.
“Me he enfrentado con muchos, Álvarez, muchos jugadores que uno nada más los ve por televisión, por videos. Uno dice: ‘Oye, algún día’. Y gracias a Dios se me está cumpliendo poco a poco”.
Esa experiencia también le ha permitido descubrir otra dimensión de las Grandes Ligas: la posibilidad de aprender diariamente de jugadores con mucha más experiencia.
Yan reconoce que sus compañeros y hasta los bateadores rivales le han servido de fuente de conocimiento.
Conversaciones en el clubhouse, recomendaciones de otros lanzadores y consejos sobre cómo atacar a determinados bateadores forman parte de su adaptación al máximo nivel.
“Uno necesita cuando sube como novato que te aconsejen, que te digan qué es lo que es y qué es lo que no es”, comentó.
Su adaptación también ha tenido un componente emocional. Yan es un jugador de mucha energía y una personalidad que no pasa desapercibida.
Su manera de celebrar y transmitir entusiasmo rápidamente se convirtió en una de sus características dentro del conjunto neoyorquino.
“Yo soy así, enérgico. Todo lo que yo hago se contagia”, afirmó.
Y esa energía, según explicó, también ha contribuido a crear un ambiente especial dentro del equipo.
“Estamos cada uno divirtiéndonos con todo lo que pasa en el terreno y fuera del terreno. Siempre estamos en armonía, siempre estamos jugando contentos, jugando como que fuéramos unos carajitos”.
Su estilo y sus celebraciones, sin embargo, no le han generado problemas con los equipos contrarios.
“No hemos tenido nada de eso, gracias a Dios, y estamos bien”, respondió.
Más importante todavía, Yan siente que ha encontrado respaldo dentro del clubhouse.
“Mi equipo me ha dado el apoyo. Yo cuento con ellos, ellos cuentan conmigo y estamos todos bien”, aseguró.
Ahora viene la parte más difícil: mantenerse.
Llegar a las Grandes Ligas fue el primer gran objetivo. El siguiente es convencer a los Mets de que puede quedarse.
Yan tiene claro que todavía debe mejorar algunos aspectos de su juego, particularmente su consistencia en la zona de strike.
“Seguir siendo más consistente en el trabajo, en el juego. Trabajar más en lo que yo quiero, que sea más consistente en la zona de strike”, explicó.
Esa autocrítica resulta significativa. El propio lanzador reconoce que está atravesando su primer año en Grandes Ligas y que todavía está en proceso de adaptación.
Pero también confía en que la experiencia acumulada en estas primeras semanas le permitirá dar un paso adelante.
“Sé que más adelante uno coge ese camino y puede venir mejor el año que viene, bajo Dios mediante”.
Su meta inmediata no parece complicada de entender: aprovechar cada oportunidad que le entregue el manager, subir al montículo y demostrar que su presencia en el roster no es producto de la casualidad.
“Seguir trabajando, seguir dándolo primeramente lo mejor de mí y seguir sacando el fruto cada vez que ellos me metan al terreno”, dijo.
Y entonces pronunció una frase que resume perfectamente su momento:
“Demostrarles que yo puedo, que pertenezco aquí y seguir más allá”.
Ese es ahora el nuevo capítulo de Jefry Yan.
Después de 13 años de espera, el sueño ya no es llegar a las Grandes Ligas. El sueño es quedarse.
Y el zurdo dominicano parece dispuesto a volver a hacer lo que mejor ha hecho durante toda su carrera: trabajar, resistir, aprender y no bajar la cabeza.
Porque si algo ha demostrado su historia hasta este momento es que para Jefry Yan una puerta cerrada nunca significó el final del camino.








