NEFTALÍ MEDINA (ENVIADO ESPECIAL)
TROPICANA FIELD, Tampa, Florida.─ La celebración de los Cerveceros de Milwaukee por la conquista de la Serie Mundial de 2026 también tuvo un significado especial para JoJo Romero, un relevista zurdo que llegó a la organización en plena temporada y terminó viviendo uno de los momentos más importantes de su carrera profesional.
“Nunca me hubiera imaginado que terminaría así cuando comenzó la temporada”, confesó Romero al conversar sobre el recorrido que lo llevó a levantar el máximo trofeo del béisbol de las Grandes Ligas.
El lanzador estadounidense, de ascendencia mexicana, llegó a Milwaukee procedente de los Cardenales de San Luis el 3 de agosto, mediante un cambio realizado durante la campaña.
Su incorporación representó una nueva oportunidad profesional, especialmente después de comenzar su etapa con los Cerveceros en medio de un proceso de recuperación física.
“Cuando llegué aquí, obviamente estaba lesionado, y mi prioridad era asegurarme de estar completamente recuperado y saludable para poder ayudar al equipo. Tener la oportunidad de formar parte de este grupo es algo muy especial”, expresó.
Romero reconoció que alcanzar una Serie Mundial y conquistarla exige mucho más que talento.
Desde su perspectiva, la fortaleza mental, la preparación física y los sacrificios realizados durante una temporada extensa constituyen elementos fundamentales para llegar a la cima.
“Sabemos que es una temporada larga, y puedo asegurarte que se necesita mucho para llegar hasta aquí. Hay que hacer un gran esfuerzo mental y físico, además de muchos sacrificios. Poder estar aquí celebrando de esta manera hace que todo ese esfuerzo haya valido la pena”, manifestó.
Sin embargo, el significado de este campeonato trasciende las estadísticas y los resultados deportivos.
Para Romero, levantar el trofeo representa reencontrarse con aquellos sueños que comenzaron durante su infancia, cuando el béisbol era una pasión compartida con su familia.
“Hemos orado mucho para que este momento llegara. Realmente no hay muchas palabras para describirlo. Es algo que te hace regresar a tu niñez, cuando eras un niño que crecía jugando béisbol en el patio de su casa, yendo a los terrenos de juego y viendo béisbol por televisión junto a su padre”, relató emocionado.
El zurdo describió la conquista como el cierre de un círculo, una experiencia que difícilmente podrá explicar con palabras, especialmente por haber tenido la oportunidad de participar en el escenario más importante del béisbol y terminar celebrando el campeonato.
“Es como cerrar un círculo. Tener la oportunidad de jugar en una Serie Mundial, lanzar en una Serie Mundial y ahora ganarla es algo que creo que nunca podré describir con palabras”, añadió.
Al preguntarle cuál fue el instante más especial de toda esta experiencia, Romero no necesitó pensarlo demasiado. Su respuesta fue inmediata: el último out.
“El último out. Cuando todo terminó y estábamos celebrando sobre el montículo. Ese fue el momento más especial”, respondió.
A sus 30 años, JoJo Romero encontró en Milwaukee un capítulo inolvidable de su trayectoria.
Su llegada desde San Luis durante el verano, después de haber pasado por los Filis de Filadelfia y los Cardenales, terminó conduciéndolo a una celebración que quedará marcada para siempre en su memoria.
Durante la temporada regular de 2026 registró 55 presentaciones, marca de 3-3, efectividad de 3.36, en 56.1 entradas de labor, con 54 ponches.
Su contribución también se hizo sentir durante la postemporada, en la que participó en seis encuentros, terminó con récord de 2-1, efectividad de 1.23 y diez ponches en 7.1 entradas.
Su historia resume una de las particularidades del béisbol: las temporadas pueden cambiar el destino de un jugador en cuestión de meses.
Romero llegó a Milwaukee con la necesidad de recuperarse y encontrar su espacio en una nueva organización; terminó celebrando un campeonato que, según sus propias palabras, jamás imaginó cuando comenzó el año.
Para el relevista zurdo, aquel último out sobre el montículo no fue solamente el final de un partido.
Fue la culminación de un sueño que había comenzado muchos años atrás, frente a un televisor y junto a su padre.








