NUEVA YORK.─ El escándalo de apuestas que sacude a las Grandes Ligas sumó un nuevo capítulo luego de que el lanzador dominicano Luis Ortiz sostuviera ante la justicia que no fue un participante voluntario en el esquema de manipulación de pitcheos, sino una víctima de las acciones de su compañero Emmanuel Clase.
Según documentos judiciales presentados por su defensa, Ortiz solicitó separar su proceso del de Clase y argumentó que este último lo habría inducido a involucrarse en el plan que benefició a apostadores deportivos.
La estrategia legal afirma que Ortiz fue engañado para participar en la trama y que no conocía el alcance del esquema, en el que se manipulaban lanzamientos para favorecer apuestas específicas.
Desigualdad en las acusaciones
Los fiscales sostienen que ambos pitchers enfrentan cargos por conspiración, fraude, soborno y lavado de dinero relacionados con apuestas ilegales sobre resultados de pitcheos.
Sin embargo, la defensa destaca diferencias importantes:
A Clase se le atribuyen cientos de lanzamientos sospechosos o apuestas relacionadas
A Ortiz se le señalan solo dos pitcheos específicos
y además no se ha encontrado comunicación directa entre Ortiz y los apostadores.
La acusación federal indica que los apostadores habrían ganado cientos de miles de dólares mediante estas prácticas, presuntamente apoyadas por pagos a los jugadores para ejecutar ciertos lanzamientos.
En investigaciones previas también se sostuvo que ambos recibieron sobornos para lanzar bolas deliberadamente fuera de la zona y garantizar apuestas exitosas.
Desarrollo del caso
El juicio está programado para mayo y los dos peloteros permanecen alejados de las instalaciones del equipo y bajo medidas legales mientras continúa el proceso.
La defensa de Ortiz insiste en que su cliente nunca manipuló intencionalmente un juego, mientras la acusación busca probar que se coordinó con terceros para obtener ganancias fraudulentas.
El caso sigue siendo uno de los más graves escándalos recientes del béisbol profesional, con posibles penas de prisión de hasta décadas si las acusaciones prosperan.









