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YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ Mariano Rivera no tiene problemas con la evolución del béisbol ni con el uso de la tecnología.
Lo que sí cuestiona es hasta dónde han llegado algunos de los cambios que han transformado la manera de jugarlo.
Para la leyenda de los Yankees, hay innovaciones que ayudan al jugador y otras que, sencillamente, se alejan de la esencia del deporte que él amó durante toda su carrera.
Al hablar sobre las diferencias entre el béisbol que dominó junto a Derek Jeter, Jorge Posada, Bernie Williams y el resto de aquella generación de los Yankees, y el que se juega actualmente, Rivera reconoció que existe una distancia enorme entre ambas épocas.
“Definitivamente que sí. Claro que sí lo es”, respondió Rivera al ser consultado sobre si considera que el béisbol de hoy es muy diferente al que conoció durante su apogeo.
El legendario cerrador panameño explicó que durante su carrera también existía una importante cantidad de información para preparar los partidos.
Los equipos contaban con scouts que estudiaban a los rivales y entregaban reportes a los jugadores.
La diferencia, según Rivera, está en la magnitud y la velocidad con que actualmente se utiliza esa información.
“Nosotros teníamos scouts haciendo reportes y ellos nos daban la información. Cada vez que íbamos a enfrentarnos a un equipo diferente, nos daban la información y nosotros la prestábamos según nuestras habilidades”, recordó.
Rivera, sin embargo, no rechaza la tecnología. Entiende que el béisbol debe evolucionar y que los jugadores de hoy tienen herramientas que su generación no tenía.
Incluso bromeó al referirse al cronómetro que actualmente limita el tiempo entre lanzamientos.
“Ahora tenemos el timer, el tiempo para lanzar. Pues a mí me hubiera fascinado eso”, dijo entre risas, recordando que durante su época los bateadores podían salir del cajón y obligarlo a esperar.
“A mí era lo contrario, a mí los bateadores salían del cajón para hacerme perder”, explicó.
Pero donde Rivera marca una línea mucho más clara es con el corredor automático que se coloca en segunda base durante los innings extras, conocido como “ghost runner”.
Para el cinco veces campeón de la Serie Mundial, esa modificación altera demasiado la naturaleza competitiva del juego.
“Ese hombre después de segunda base, ese no sé qué es eso, porque ya entonces no se convierte en juego”, afirmó.
Su preocupación va incluso más allá del espectáculo. Rivera considera que una regla como esa también plantea interrogantes sobre las estadísticas y la responsabilidad del lanzador que termina recibiendo esa carrera.
“Yo no sé a quién le va ese carrera, a quién le va, si le va a Fernando, le va a Mariano, no le va a nadie”, expresó, utilizando la efectividad como ejemplo de su desacuerdo con la regla.
Y entonces llegó su sentencia más contundente: “Para mí eso no es béisbol”.
La posición de Rivera refleja una visión profundamente ligada a la época en que construyó su extraordinaria carrera.
Él creció y compitió bajo una concepción del béisbol en la que cada entrada debía comenzar desde cero, cada corredor debía ganarse su camino a las bases y cada carrera debía ser producto de lo que sucediera dentro del terreno.
Por eso, aunque acepta herramientas como las computadoras, los análisis avanzados y los sistemas modernos de información, Rivera entiende que algunas modificaciones cruzan una frontera que no debería tocarse.
“Así que definitivamente no estamos hablando del mismo juego”, sentenció.
A pesar de sus críticas, Rivera dejó claro que su relación con el béisbol permanece intacta.
El deporte que le permitió convertirse en una de las figuras más respetadas de la historia continúa ocupando un lugar especial en su vida.
“Yo sigo amando el béisbol y siempre lo amaré hasta el día que me muera”, afirmó.
Y quizá ahí esté la esencia de sus palabras. Mariano Rivera no habla desde el rechazo al cambio, sino desde el profundo respeto por un juego al que dedicó su vida.
Para él, la tecnología puede ayudar a entender mejor el béisbol, preparar mejor a los jugadores y aportar información, pero hay elementos que considera intocables.
Porque para una leyenda que vivió noches de octubre, cerró partidos históricos y levantó cinco trofeos de campeón con los Yankees, el béisbol no solamente se analiza: también se siente, se compite y se respeta.








