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YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ El legendario Mariano Rivera no necesitó muchas palabras para definir la relación que ha mantenido durante décadas con la prensa hispana.
Para el histórico cerrador panameño de los Yankees, los periodistas que han contado sus hazañas, acompañado sus triunfos y llevado su historia a millones de lectores y aficionados forman parte de su propia gente.
“Esa es mi gente. Esta gente es mía”, expresó Rivera con una sonrisa, al referirse a los periodistas hispanos que han seguido de cerca su trayectoria.
En el marco de la celebración del Mes de la Herencia Hispana, las afirmaciones de Mariano Rivera se produjeron durante una mesa redonda con periodistas hispanos, en la que también participó el lanzador Fernando Cruz y que fue conducida por Richie Ricardo, como parte de la última conferencia mensual que los Yankees de Nueva York realizan para la prensa latina. En esta ocasión, el encuentro tuvo un carácter especial, con una cena para los comunicadores y una presentación del manager Aaron Boone, convirtiendo la jornada en un significativo reconocimiento a la prensa hispana que cubre al conjunto neoyorquino.
Rivera recordó que muchos de los comunicadores que hoy continúan cubriendo el béisbol ya estaban presentes desde los primeros años de su carrera, cuando comenzaba a abrirse camino en las Grandes Ligas y a convertirse poco a poco en una de las figuras más importantes del deporte.
“Ellos saben tanto que los amo, desde que yo comencé mi carrera. Estaban allí muchos y otros. Pero muchos estaban”, manifestó.
Para Rivera, la relación entre un atleta y los medios de comunicación debe construirse sobre la base del respeto y el entendimiento de las responsabilidades de cada uno.
Él comprendió desde temprano que los periodistas tenían una misión que cumplir: informar, escribir y transmitir al público lo que ocurría dentro y fuera del terreno.
“Yo aprendí que ellos estaban haciendo un trabajo, que lo que ellos tenían es escribir. Pues yo tenía que darles el tiempo para ellos hacer su trabajo”, explicó.
El cinco veces campeón de la Serie Mundial entendía perfectamente que, si no concedía el espacio necesario a los comunicadores, estos tendrían que buscar la información por otros medios. Por eso decidió establecer una relación directa y respetuosa con la prensa.
“Si yo no les daba el tiempo, pues ellos tenían que hacer lo que tenían que hacer. Y yo respeté eso”, señaló.
Ese respeto, según Rivera, nunca estuvo limitado a la prensa hispana.
Durante su carrera mantuvo la misma disposición con los periodistas anglosajones, porque entendía que todos cumplían una función esencial dentro del espectáculo de las Grandes Ligas.
“Siempre respeté y sabía que si ellos me necesitaban, yo iba a estar ahí. Siempre respeté a la prensa, sea nuestra prensa o sea la Anglo. Para mí todas eran iguales”, afirmó.
Rivera incluso recordó aquellas situaciones en las que los periodistas disponían de pocos minutos para entrevistarlo y necesitaban respuestas rápidas para poder cumplir con sus respectivos medios.
Lejos de verlo como una molestia, el estelar lanzador comprendía la presión bajo la cual trabajaban los comunicadores.
“Ellos me decían: ‘Dame cinco minutos y yo les respondía tengo dos minutos y vamos que está corriendo el tiempo, así es que avanza’. Siempre, siempre respeté a la prensa”, relató.
Esa filosofía terminó convirtiéndose en una de las características de Rivera fuera del terreno.
Mientras en el montículo construía una reputación basada en disciplina, preparación y respeto por el juego, frente a los medios desarrollaba una relación sustentada en la misma consideración.
“Entendí y supe que ellos tenían un trabajo que hacer. Y cuando yo ponía eso en práctica, pues eso daba positivo”, manifestó.
Su mensaje final fue dirigido directamente a los periodistas que durante tantos años han contado su historia y que hoy continúan acercándolo a la comunidad hispana.
“Ninguno de ustedes puede decir que yo no lo atendí, ¿sí o no?”, expresó Rivera entre risas, provocando una respuesta afirmativa de los presentes.
Pero Mariano Rivera todavía tenía algo más que decir. Y esta vez amplió su reconocimiento a toda la prensa que cubre el deporte en Nueva York, al recordar una percepción que, a su juicio, ha acompañado injustamente a esta ciudad.
“Tengo que decirlo. Yo no sé por qué los atletas no quieren venir a jugar a Nueva York. No sé por qué. Muchos atletas, muchos beisbolistas no querían venir a jugar a Nueva York por la prensa”, comentó.
Para Rivera, esa preocupación no tiene fundamento. Desde su experiencia, la prensa neoyorquina, particularmente la que cubre al deporte desde la comunidad hispana, representa precisamente una de las grandes fortalezas de la ciudad.
“Yo digo: pero si nosotros tenemos la mejor prensa que hay en el mundo. Para mí ustedes son los mejores”, afirmó con absoluta convicción.
Sus palabras adquirieron todavía mayor significado al reconocer el papel que desempeñan los comunicadores que diariamente trabajan para que las historias de los grandes protagonistas del deporte lleguen a sus respectivas audiencias.
“Así es que la mejor prensa que tenemos en el béisbol, en todo deporte, está aquí”, sentenció Rivera.
La ovación que siguió resumió el sentimiento de un hombre que, durante décadas, entendió que su grandeza no solamente se construía desde el montículo. También se alimentaba de la capacidad de reconocer y respetar a quienes tenían la responsabilidad de contar su historia.
Mariano Rivera, una leyenda que convirtió cada entrada en una lección de dominio, disciplina y serenidad, dejó en Nueva York algo más que récords y campeonatos.
Dejó también una relación de respeto con los medios y, especialmente, con una prensa hispana que lo acompañó desde sus primeros pasos hasta convertirse en uno de los nombres más respetados en la historia del béisbol.
Y en esta ocasión, fue él quien tomó el micrófono para devolver el reconocimiento: para Mariano Rivera, la prensa que cubre el deporte en Nueva York no es simplemente parte del espectáculo. “Es mi gente”.








