La situación de los Mets de Nueva York en este arranque de 2026 es preocupante y ya dejó de ser una simple mala racha, es una crisis deportiva y de construcción de roster.
El equipo comenzó con expectativas enormes después de una agresiva reestructuración de invierno encabezada por David Stearns.
Salieron figuras como Pete Alonso, Edwin Díaz, Brandon Nimmo y Jeff McNeil, mientras llegaron nombres importantes como Jorge Polanco, Marcus Semien, Luis Robert Jr., Bo Bichette, Devin Williams y Freddy Peralta. La idea era refrescar el núcleo y volver inmediatamente a la pelea grande.
Sin embargo, el resultado ha sido lo contrario.
Los Mets sufrieron una racha de 12 derrotas consecutivas entre el 8 y el 21 de abril, la peor del club desde 2004, y aunque lograron cortar esa seguidilla ante Minnesota, el problema no desapareció. El domingo perdieron por partida doble ante los Rockies de Colorado y ya han perdido 15 de sus últimos 16 juegos, algo inaceptable para una nómina de ese nivel.
El principal problema ha sido la ofensiva. Incluso con el regreso de Juan Soto, el lineup sigue sin producir de forma consistente. Han dejado demasiados corredores en base, fallan en momentos clave y la ausencia temporal de Francisco Lindor por lesión golpeó aún más la estructura ofensiva.
En las dos derrotas ante Colorado apenas produjeron una carrera, producto de un jonrón solitario de Tyrone Taylor, en el primer partido de la doble jornada.
El pitcheo tampoco ha sido estable. Kodai Senga está bajo fuerte presión tras registrar una alta efectividad.
La organización ya empieza a mirar otras opciones internas, señal clara de que la paciencia se agota.
Además, la defensa ha cometido errores costosos. Mark Vientos y otros jugadores han protagonizado fallas que terminan cambiando partidos, algo que agrava aún más una ofensiva ya apagada.
Lo más delicado es el contexto: Steve Cohen invierte como un contendiente de Serie Mundial, no como un club de reconstrucción.
Cuando gastas más de 500 millones entre nómina e impuestos de lujo, no puedes lucir como uno de los peores equipos de la Liga Nacional.
Carlos Mendoza empieza a sentir presión, aunque el verdadero cuestionamiento apunta a la gerencia. Cambiar medio roster sin garantizar química, identidad y profundidad ofensiva puede convertirse en un error estratégico de gran escala.
Hoy, los Mets no parecen un aspirante serio. Parecen un equipo caro, desordenado y sin dirección clara. Y en Nueva York, eso nunca pasa desapercibido.









