YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ Fernando Cruz vive una temporada especial con los Yankees de Nueva York, pero cuando habla de su presente no comienza con los números, los ponches ni los grandes escenarios del Yankee Stadium.
Comienza hablando de Dios, del servicio y de una transformación personal que, según reconoce, le ha permitido dejar atrás al “viejo hombre” para convertirse en un “nuevo hombre”.
Para el lanzador puertorriqueño, ese cambio también ha transformado la manera en que enfrenta el béisbol.
El ego, la presión por demostrar y la necesidad de medir el éxito por estadísticas dejaron de ser el centro de su pensamiento.
Ahora entiende que su verdadera misión es servir, ayudar a sus compañeros y aprovechar cada día como una oportunidad para cumplir el propósito que Dios le ha puesto en su camino.
“Los logros son buenos, los reconocimientos son buenos, pero lo que permanece es el ser humano que eres y las personas que impactas”, explicó Cruz al hablar de la diferencia entre confianza y ego.
Sus palabras surgieron durante la conferencia de prensa mensual que los Yankees de Nueva York ofrecen a los periodistas latinos que cubren al equipo.
Estos encuentros son coordinados por el dominicano Marlon Abreu, traductor en español y coordinador de los periodistas latinos que asisten a los partidos en el Yankee Stadium, quien viene realizando una especial labor en el cumplimiento de sus responsabilidades y en el acercamiento entre la organización y la prensa hispana.
Cruz, quien ha tenido un recorrido poco convencional hacia las Grandes Ligas, conoce perfectamente el valor de cada oportunidad.
Después de años de perseverancia y de buscar su espacio en el béisbol profesional, logró debutar en las Mayores en 2023 con los Rojos de Cincinnati, a los 33 años, una edad en la que muchos jugadores ya han quedado fuera del radar de las organizaciones.
Posteriormente pasó a los Yankees, donde se ha convertido en una pieza importante del bullpen y en uno de los brazos de confianza del equipo.
Su historia es precisamente una de las razones por las que su discurso sobre la humildad, la perseverancia y el servicio adquiere mayor significado.
Llegar a las Grandes Ligas después de tantos años también le permitió comprender que los tiempos de una carrera no siempre coinciden con los planes de una persona.
Cruz tuvo que esperar, insistir y continuar trabajando cuando las puertas parecían cerrarse.
Por eso, ahora que disfruta de uno de los momentos más importantes de su carrera, prefiere no dar nada por sentado.
Para él, cada entrada, cada lanzamiento y cada día en el clubhouse representan una oportunidad que debe agradecer.
Cruz entiende que en un equipo como los Yankees existe una presión especial.
Nueva York exige resultados y cada actuación es observada por miles de aficionados y por una enorme cantidad de medios de comunicación.
Sin embargo, asegura que ha aprendido a separar la confianza del ego. Esa diferencia, según su propia experiencia, ha sido fundamental para poder competir en un escenario donde cualquier error puede convertirse inmediatamente en noticia.
Para él, los ponches, las estadísticas y los reconocimientos eventualmente pasan.
Lo que realmente permanece es la manera en que un jugador trata a los demás, la relación que construye con sus compañeros y el impacto que puede dejar dentro y fuera del terreno.
Esa filosofía también la ha trasladado al bullpen de los Yankees, donde considera que existe una de las mayores fortalezas del equipo.
Más que competir entre ellos por estadísticas individuales, Cruz observa un grupo dispuesto a respaldarse mutuamente.
“Yo te recojo a ti y tú me recoges a mí”, es la mentalidad que, según Cruz, ha caracterizado al bullpen esta temporada.
El veterano relevista entiende que el éxito colectivo comienza cuando desaparece la obsesión individual.
Para él, no se trata de quién tiene más ponches, quién posee la mejor efectividad o quién consigue mejores números, sino de quién está dispuesto a presentarse cada día y hacer su trabajo en beneficio del equipo.
Ese espíritu de compañerismo, además, se ha fortalecido dentro de un clubhouse donde conviven jugadores de distintas nacionalidades y culturas.
Cruz considera que esa diversidad no representa una división, sino una oportunidad para aprender unos de otros y convertir las diferencias en una energía positiva que beneficie al conjunto.
Ese cambio de mentalidad, reconoce, no ocurrió de un día para otro. Fue un proceso personal que comenzó fuera del terreno y que posteriormente llegó al béisbol.
Cruz habló también de la transición del “viejo hombre” al “nuevo hombre”, una transformación que atribuye a su relación con Dios y al proceso espiritual que ha vivido.
Explicó que nadie tuvo que imponerle determinados cambios en su vida. Fue un proceso que, a través de la palabra de Dios y de sus propias experiencias, fue produciendo modificaciones profundas en su manera de pensar y vivir.
Hoy asegura que ya no siente la misma carga que antes. La ambición dejó de ser una presión constante y fue sustituida por el deseo de servir.
“Lo que venga y lo que dure, eso es lo que quiero”, resumió al referirse a su nueva manera de entender su carrera.
Para Cruz, esa transformación también le ha permitido disfrutar más del juego.
Antes podía sentir que cada actuación representaba una obligación de demostrar algo; ahora procura entender que simplemente tiene que cumplir con la responsabilidad que le corresponde y dejar que los resultados sean consecuencia del trabajo.
El lanzador boricua considera que su historia puede servir de testimonio para quienes atraviesan momentos difíciles.
Su carrera demuestra que una oportunidad puede llegar cuando menos se espera y que los obstáculos no necesariamente significan el final del camino.
En su caso, el largo recorrido hasta las Mayores terminó convirtiéndose en parte fundamental de la persona y del pelotero que es hoy.
Cruz considera que su presencia en los Yankees puede tener un propósito que va mucho más allá del béisbol.
Se ve como un instrumento para impactar positivamente a otras personas dentro de un clubhouse multicultural, donde conviven diferentes nacionalidades, idiomas, culturas y personalidades.
También reconoce que su transformación continúa siendo un proceso diario.
Por eso habla de pedir sabiduría y paz para enfrentar las distracciones y las tentaciones que puedan aparecer en el camino.
Su testimonio deja una conclusión clara: para Fernando Cruz, la temporada 2026 no solamente representa uno de sus mejores momentos profesionales.
También simboliza una etapa de crecimiento personal en la que aprendió a sustituir el ego por el servicio, la presión por la confianza y la necesidad de demostrar por el deseo de aportar.
En el Yankee Stadium, donde cada lanzamiento puede convertirse en noticia, Cruz está descubriendo que su mayor victoria no necesariamente aparece en la pizarra.
Para él, la verdadera victoria está en la persona que está construyendo mientras continúa cumpliendo su sueño de jugar en las Grandes Ligas.








