YANKEE STADIUM, Bronx, Nueva York.─ Cuando Manny Acta habla de Felipe Rojas Alou, no lo hace solamente desde la admiración de un compatriota.
Lo hace con la autoridad de quien conoce la historia, ha vivido el béisbol de Grandes Ligas desde adentro y entiende perfectamente lo que significó abrirse paso en una época en la que ser latino y, especialmente, dominicano, representaba enfrentar obstáculos que hoy muchos jóvenes desconocen.
Por eso, cuando Acta tiene que escoger al más grande entre todos los dominicanos que han pasado por las Grandes Ligas, no vacila. Su respuesta es contundente: Felipe Rojas Alou.
“Yo no soy el mejor de los nuestros, el mejor de los nuestros es Felipe Rojas Alou, incluyendo todos los que jugaron. Ese para mí es el más grande”, afirmó Acta, dejando una frase que resume el profundo respeto que siente por quien considera una de las figuras fundamentales del béisbol dominicano.
Nacido en Haina, República Dominicana, el 12 de mayo de 1935, Felipe Alou construyó una carrera extraordinaria que abarcó 17 temporadas en las Grandes Ligas, entre 1958 y 1974. Fue jardinero de los Gigantes de San Francisco, Bravos de Milwaukee y Atlanta, Atléticos de Oakland, Yankees de Nueva York, Expos de Montreal y Cerveceros de Milwaukee.
Fue seleccionado tres veces al Juego de Estrellas y terminó su carrera con promedio de .286, 2,101 hits, 206 jonrones, 852 carreras impulsadas y 107 bases robadas.
Pero reducir a Felipe Alou solamente a sus estadísticas sería dejar fuera una parte esencial de su grandeza.
Después de su brillante etapa como jugador, Alou continuó escribiendo historia desde el dugout.
En 1992 se convirtió en el primer manager dominicano en la historia de las Grandes Ligas al asumir el mando de los Expos de Montreal.
En 1994 condujo a Montreal a una temporada extraordinaria. Los Expos tenían la mejor marca de las Grandes Ligas, 74-40, cuando la huelga de jugadores puso punto final a aquella campaña.
Alou fue reconocido como Manager del Año de la Liga Nacional.
Posteriormente dirigió a los Gigantes de San Francisco entre 2003 y 2006 y concluyó su carrera como manager con 1,033 victorias y 1,021 derrotas.
De esa manera, se convirtió en una de esas figuras excepcionales capaces de dejar una marca significativa tanto con el uniforme de jugador como desde el puesto de dirigente.
Precisamente esa combinación es la que Manny Acta considera fundamental cuando habla de Cooperstown.
“Cuando tú combinas el tiempo que él jugó, la clase de jugador que él fue, porque hay mucha gente joven que no sabe que Felipe fue un peloterazo, y después combinas eso con su éxito como dirigente, para mí esa combinación le da Salón de la Fama”, explicó Acta.
El veterano dirigente considera que el caso de Alou merece una valoración diferente porque su grandeza no puede ser analizada únicamente desde una de las dos facetas de su carrera.
“Es una lástima que no se usen ambos conceptos juntos, sino que algunos entran al Salón de la Fama como dirigente y otros entran como jugador. Pero en el caso de él, yo creo que la combinación del tiempo que tuvo como jugador, sus números y lo que hizo como dirigente amerita que en algún momento él llegue a Cooperstown”, sostuvo.
Para Acta, hablar de Felipe Alou también es hablar de aquellos pioneros que tuvieron que soportar situaciones inimaginables para las nuevas generaciones.
Recordó que los primeros dominicanos que llegaron a las Grandes Ligas no encontraron las condiciones que disfrutan los peloteros latinos de hoy.
En los tiempos de segregación racial, algunos jugadores tenían que permanecer dentro del autobús mientras sus compañeros entraban a restaurantes donde a ellos no se les permitía el acceso.
“Los muchachos jóvenes a veces cometen el error y no conocen a esa gente que vinieron detrás de ellos. Hoy en día nosotros tenemos todo. En cada clubhouse que vamos hay comida latina casi mandatoria para nosotros”, señaló Acta.
Y agregó que esa realidad no apareció por casualidad. Fue construida por hombres como Felipe Alou, Juan Marichal, Ricardo Carty, los hermanos Alou, Manny Mota y muchos otros que enfrentaron primero los obstáculos para que las siguientes generaciones pudieran encontrar un camino más amplio.
“Nosotros le debemos mucho a Felipe, a Marichal, a Ricardo Carty, a toda esa gente que vinieron, a los hermanos Alou, a Mota, a toda esa gente que trazaron el camino”, afirmó.
La admiración de Acta por Alou también tiene un componente personal.
Aunque cuando llegó a Montreal el gran maestro ya había dejado el puesto de manager, Acta encontró en él a una persona dispuesta a compartir conocimientos y consejos.
“Es una persona que yo admiro, una persona que me ha ayudado muchísimo. Cada vez que ha abierto la boca para darme un consejo, me ha ayudado, y yo le tengo un respeto inmenso”, expresó.
Manny Acta conoce de primera mano lo que significa construir una carrera en Grandes Ligas. Nacido en San Pedro de Macorís, inició su trayectoria en las Mayores como coach de tercera base de los Expos de Montreal entre 2002 y 2004, precisamente dentro de una organización en la que Felipe Alou había dejado una huella profunda.
Posteriormente trabajó con los Mets de Nueva York y en 2007 recibió su primera oportunidad como manager de Grandes Ligas con los Nacionales de Washington.
Más tarde dirigió a los Indios de Cleveland. En sus seis temporadas como dirigente acumuló 372 victorias y 518 derrotas en 890 partidos.
Después de su etapa como manager, Acta continuó vinculado al béisbol de Grandes Ligas como analista y coach, manteniendo una carrera marcada por su conocimiento del juego y su capacidad para transmitirlo.
Pero cuando se le pregunta por el hombre que representa la grandeza dominicana en las Grandes Ligas, Acta vuelve a un solo nombre.
Felipe Rojas Alou.
Más que un gran pelotero, fue un pionero. Más que un dirigente exitoso, fue un maestro. Y más que una figura del béisbol dominicano, fue uno de los hombres que ayudaron a construir el puente por el que caminaron las generaciones que llegaron después.
Manny Acta lo resumió de la manera más sencilla y, al mismo tiempo, más contundente:
“Felipe es el padrote”.
Una frase que, en el lenguaje del béisbol dominicano, no necesita demasiadas explicaciones.
Para Acta, Felipe Alou está en la cima de la historia de los nuestros. Y si algún día Cooperstown decide valorar en conjunto lo que hizo como jugador y como dirigente, su nombre, sostiene Acta, debería estar entre los inmortales.








