(4 de 5)
YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ Mariano Rivera no necesita mirar demasiado lejos para imaginar hacia dónde se dirige el béisbol.
Para la leyenda panameña, el futuro del deporte tiene un marcado acento latino y la transformación que ya comenzó podría alcanzar una dimensión todavía mayor durante los próximos diez años.
El inmortal cerrador de los Yankees entiende que la presencia hispana en el béisbol dejó de medirse únicamente por la cantidad de jugadores que llegan a las Grandes Ligas.
Hoy los latinos son superestrellas, dirigentes, coaches, ejecutivos y propietarios, ocupando espacios de influencia que durante generaciones parecían reservados para otros.
Y Rivera está convencido de que esto apenas es el comienzo.
“Pronto, no muy lejano, vamos a ser, quizás estamos cerca, y vamos a poder hacer la mayoría en béisbol”, afirmó Rivera cuando se le planteó dónde podría encontrarse el mundo latino dentro de una década.
Su pronóstico no nace de una ilusión pasajera. Lo fundamenta en una historia de décadas, construida por generaciones de peloteros latinoamericanos que tuvieron que abrirse paso cuando la presencia hispana todavía era limitada.
Rivera mencionó a Juan Marichal, Luis Aparicio, Orlando Cepeda y otras figuras que, desde distintas épocas, fueron dejando huellas profundas y demostrando que el talento latino podía competir al más alto nivel.
“Nosotros estamos trabajando, venimos trabajando desde antes. Los Marichales, los Carús, los Cepeda, los Bolívar, toda esta gente viene marcando terreno”, recordó.
Cada generación, según Rivera, ha recibido el legado de la anterior y tiene la responsabilidad de entregarlo fortalecido a la siguiente.
De esa manera, el crecimiento no se detiene, sino que se multiplica.
“Luego lo dejan a nosotros, nosotros dejamos lo que viene. Y por allí vendrá mucho más”, expresó.
El mejor ejemplo de esa transformación puede observarse en el propio terreno de juego.
Las Grandes Ligas están repletas de figuras latinoamericanas que no solamente ocupan puestos importantes en sus equipos, sino que son protagonistas absolutos de la competencia.
El Clásico Mundial de Béisbol también ha servido como una poderosa vitrina de esa evolución. República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, Panamá y otras naciones latinoamericanas han demostrado que el talento de la región puede competir sin complejos contra las grandes potencias tradicionales.
Pero para Rivera hay algo todavía más importante que las estadísticas: la pasión con la que los latinoamericanos viven el béisbol.
“Ese talento no se puede esconder. Por si quieran esconderlo o no, no lo van a poder esconder, que es una fuerza”, sostuvo.
Y agregó una característica que considera fundamental: “No solamente una fuerza, se juega con pasión, se juega con emoción”.
Esa combinación de talento, pasión y una creciente estructura profesional es la que, a su juicio, terminará provocando una presencia latina mucho más profunda en todos los niveles del béisbol.
La transformación también ha comenzado a llegar a las oficinas. El hecho de que figuras latinas estén vinculadas a la propiedad y dirección de organizaciones de Grandes Ligas representa, para Rivera, una señal inequívoca de que el crecimiento hispano ya no se limita a los uniformes.
El béisbol latino comienza a tener voz también donde se toman las grandes decisiones.
Por eso, Rivera no duda cuando proyecta lo que puede ocurrir en los próximos diez años.
No habla simplemente de tener más jugadores en las Grandes Ligas. Habla de convertirse en una fuerza todavía más determinante.
“Yo no me asombraría que en no muy lejano seríamos una potencia. Ya lo somos, pero una mayor”, sentenció.
La frase resume la dimensión de su pensamiento. Para Mariano Rivera, el béisbol latino no está buscando reconocimiento: ya lo consiguió. Ahora busca ampliar su influencia.
Y quizá esa sea la verdadera revolución que se avecina. Los jugadores latinoamericanos ya conquistaron los terrenos de las Grandes Ligas. Ahora la nueva generación está llegando a los puestos de liderazgo, dirección y propiedad.
Mariano Rivera, protagonista de una época en la que tuvo que abrir caminos, observa ese proceso con la tranquilidad de quien sabe que la historia continúa.
Los que llegaron antes dejaron una puerta abierta; su generación la atravesó; y los que vienen detrás parecen decididos a abrirla todavía más.
El próximo capítulo del béisbol podría escribirse con una presencia latina nunca antes vista.
Y para una leyenda como Rivera, no se trata de una posibilidad remota.
Es cuestión de tiempo.








