En las Grandes Ligas siempre han existido peloteros difíciles con la prensa. Estrellas que hablan poco, otros que simplemente pasan de largo frente a los periodistas y algunos que solo aparecen cuando todo marcha bien. Eso no es nuevo.
Lo que sí parece diferente en los últimos años es el crecimiento de una cultura de distancia y silencio entre parte de la nueva generación de peloteros dominicanos, especialmente entre figuras jóvenes que hoy representan el futuro y el presente del béisbol.
Muchos periodistas latinos que cubren diariamente las Grandes Ligas coinciden en lo mismo: cada temporada se hace más complicado conseguir entrevistas individuales, conversaciones espontáneas o simplemente unos minutos frente a ciertos jugadores.
Algunos no hablan nunca. Otros solo conceden entrevistas controladas por los departamentos de prensa de los equipos. Y también están quienes prefieren aparecer únicamente cuando las cosas marchan bien, evitando cualquier contacto durante momentos difíciles o polémicos.
La situación ha ido creciendo poco a poco y ya comienza a generar preocupación dentro del periodismo deportivo latino.
Paradójicamente, muchos de estos muchachos crecieron en barrios humildes de la República Dominicana, viendo cómo la prensa ayudaba a proyectar carreras, construir nombres y convertir prospectos desconocidos en figuras admiradas. Sin embargo, una vez alcanzan contratos multimillonarios y estatus de estrellas, algunos parecen levantar una muralla alrededor de su imagen pública.
La pregunta entonces es inevitable: ¿qué está provocando este distanciamiento?
Para muchos, el béisbol moderno ha cambiado completamente la manera en que los jugadores manejan su exposición pública. Antes, el pelotero necesitaba constantemente de los medios para mantenerse visible. Hoy las redes sociales, las marcas personales y los departamentos de relaciones públicas controlan gran parte del mensaje.
También existe un nivel de protección mucho mayor alrededor de las estrellas jóvenes. Agentes, asesores y entrenadores recomiendan hablar menos para evitar titulares negativos, controversias o frases sacadas de contexto.
A eso se suma un cambio generacional evidente. Esta nueva camada creció en la era de Instagram, TikTok y los contenidos rápidos. Muchos prefieren comunicarse mediante publicaciones personales antes que sentarse frente a un grupo de periodistas después de un juego.
Pero el problema no es solamente hablar poco. El verdadero conflicto aparece cuando algunos jugadores ignoran completamente a la prensa, incluso a periodistas latinos que durante años siguieron sus carreras desde las academias, las ligas menores y el béisbol invernal.
Porque el periodista no aparece únicamente cuando llegan los contratos millonarios o los premios. También estuvo presente cuando casi nadie conocía aquellos nombres.
Afortunadamente, todavía existen muchos peloteros dominicanos accesibles, respetuosos y conscientes del papel de la prensa dentro del deporte. Jugadores que entienden que una entrevista no les resta grandeza y que el contacto humano sigue siendo parte fundamental del béisbol.
El béisbol necesita estadísticas, cuadrangulares y contratos históricos. Pero también necesita historias. Y esas historias se vuelven más difíciles de contar cuando cada vez más protagonistas prefieren guardar silencio.









