La historia volvió a escribirse en la NBA y, una vez más, con el nombre de LeBron James como protagonista. La superestrella de los Los Angeles Lakers se convirtió oficialmente en el jugador con más partidos disputados en la historia de la liga, alcanzando los 1,612 encuentros de temporada regular.
El hito se produjo durante el duelo ante el Orlando Magic, donde “El Rey” superó la marca que durante casi tres décadas perteneció al legendario Robert Parish, quien acumuló 1,611 juegos en su carrera.
A sus 41 años y en su temporada número 23 —otro récord en sí mismo— LeBron continúa desafiando el paso del tiempo, no solo por su durabilidad, sino por su impacto en la cancha, manteniéndose como una figura determinante en cada partido.
El logro no es un hecho aislado. James ya ostenta múltiples récords históricos, incluyendo ser el máximo anotador de todos los tiempos, y sigue ampliando una carrera que redefine los límites de la longevidad en el deporte profesional.
Este nuevo capítulo refuerza su legado como uno de los jugadores más completos e influyentes en la historia del baloncesto, en una era donde la exigencia física y competitiva es cada vez mayor.
Más allá de los números, el récord simboliza consistencia, disciplina y una capacidad única para mantenerse en la élite durante más de dos décadas, algo prácticamente sin precedentes en la NBA.









