NUEVA YORK.─ Los Bravos de Atlanta volvieron a demostrar por qué poseen el mejor récord de las Grandes Ligas. En medio de nuevas preocupaciones por lesiones y luego de tres derrotas consecutivas, el equipo respondió con una victoria 3-1 sobre los Mets de Nueva York en Citi Field, apoyado en una sólida apertura de Martín Pérez y una noche productiva de Eli White.
El triunfo tuvo un valor especial para Atlanta. Menos de 24 horas después de conocer que Spencer Strider regresaba a la lista de lesionados por inflamación en el codo derecho, los Bravos necesitaban una respuesta colectiva. La encontraron en dos nombres que no siempre ocupan los reflectores principales, pero que marcaron la diferencia en un partido cerrado.
Pérez volvió a entregar una salida de calidad. El zurdo venezolano trabajó cinco entradas y un tercio, permitió apenas una carrera, aceptó cuatro imparables, regaló un boleto y ponchó a cuatro bateadores. Su comando fue clave para contener a una alineación de los Mets que no logró sostener presión constante durante la tarde.
La actuación del abridor llegó en un momento importante para un cuerpo de lanzadores que ha tenido que adaptarse a varias ausencias. Pérez no solo mantuvo el juego bajo control, también le dio al bullpen el margen necesario para manejar los últimos episodios con ventaja.
En la ofensiva, Eli White fue el protagonista. El jardinero derecho abrió el marcador con un doble remolcador en el segundo episodio y luego aumentó la ventaja con un jonrón solitario en el cuarto. Más adelante agregó otro doble, completando una jornada de tres imparables y tres extrabases que impulsó la mayor parte del ataque de Atlanta.
Los Mets descontaron en el sexto inning con un sencillo productor de Mark Vientos, pero no pudieron ir más allá. Atlanta respondió con firmeza desde el bullpen y evitó que Nueva York transformara ese momento en una amenaza mayor.
Michael Harris II añadió una carrera de seguro en el octavo episodio con un cuadrangular solitario, un batazo que le dio más tranquilidad a los Bravos en la recta final del encuentro. Esa anotación terminó siendo importante para proteger la ventaja y reducir la presión sobre el relevo.
Raisel Iglesias se encargó de cerrar el partido y aseguró la victoria para Atlanta, que llegó a 46 triunfos en la temporada. El resultado no solo frenó una mala racha, también confirmó la profundidad de un equipo que sigue encontrando respuestas incluso cuando sus figuras principales atraviesan problemas físicos.
Para los Mets, la derrota volvió a exponer una ofensiva irregular. Sean Manaea tuvo una apertura competitiva, pero Nueva York no pudo respaldarlo con carreras suficientes. La producción limitada dejó al equipo sin margen frente a unos Bravos que aprovecharon mejor sus oportunidades.
Atlanta sale de este partido con una señal positiva: puede ganar de distintas formas. Esta vez no necesitó una explosión ofensiva masiva ni una noche dominante de sus grandes nombres. Le bastó con pitcheo eficiente, defensa oportuna y batazos precisos de jugadores como Pérez, White y Harris.
En una temporada larga, ese tipo de victorias suelen pesar. Los Bravos volvieron a la ruta ganadora, llegaron a 46 triunfos y reforzaron la idea de que su profundidad puede sostenerlos aun en medio de lesiones y ajustes.









