“Conocerte, aceptarte, entenderte, amarte…”, todos estos objetivos lo hemos entendido por demás, porque nos saltan a los ojos cada vez que accedemos a las redes, los escuchamos en nuestros grupos de apoyo, en los comentaristas del medio y en la caterva de seudo-psicólogos que se ha creado hoy día.
Todos te impulsan a ir al fondo de tu propio ser y conocer “tus sombras y luces”.
No obstante, independientemente del origen del consejero, es muy certera la recomendación -concernos más-.
Concernos a nosotros mismos nos toma la vida entera, y sin miedo a equivocarme, muchos parten de este mundo sin siquiera conocer todo el potencial con el que fueron creados.
Querido lector, es que se nos van las horas estando pendientes de nuestros vecinos, de los seres queridos, de nuestra pareja, de los compañeros y más aún, muchos nos hemos dado a la empresa de querer corregir y cambair vidas con nuestras sanas sugerencias; y con toda honestidad, sé que lo hacemos desde la emoción de ayudar y apoyar al otro porque realmente nos importa, pero hay dos cosas que quisiera resaltar antes de “emprender la ayuda” y es, en primera instancia: analizarnos a nosotros mismos, nuestras fortalezas y debilidades, lo cual nos va ayudar a mantener emociones más estables y gestionar de manera asertiva la toma de decisiones.
Lo segundo es desarrollar la tolerancia, y sé que muchos estamos trabajando ese nivel en la actualidad, pero la gente no coopera (broma); la tolerancia no es solo para los demás y sus decisiones, sino también hacia nosotros, reconociéndo que no somos súper humanos con entera perfección; aceptando que fallamos y que lo podemos hacer mucho mejor la siguiente vez; que no en todo somos excelentes y que necesitamos observar, aprender y seguir repitiendo las tareas tantas veces sea necesario, excepto el pecado y las cosas inmorales. Esas NO se repiten.
Nuestro creador Dios, nos recuerda en Su Palabra que debemos poner el ojo en nuestros asuntos antes de mirar los asuntos de los demás; nos recuerda que solo Él es perfecto y que tenemos Su ayuda cada vez que le necesitemos para llevar nuestras cargas, por lo cual, comparto esta reflexión con ustedes porque me esfuerzo en aplicar cada día de mi vida (a veces con éxito, otras veces no) el realizarme una introspección a la luz de lo que me indica La Santa Biblia; y, sin lugar a dudas, ese será el mejor ejercicio que podemos emprender.
Piénsalo… Dios te bendiga y te ayude!









