YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ Freddy Peralta sabe dónde quiere estar la próxima temporada.
El derecho dominicano, quien fue adquirido por los Rays de Tampa Bay desde los Mets el pasado 2 de agosto, no esconde su deseo de continuar con la organización que le ha permitido recuperar la confianza y reencontrarse con el lanzador que entiende que puede ser.
“Me encantaría, claro que sí”, respondió Peralta cuando se le preguntó si le gustaría permanecer en Tampa Bay.
Pero más allá de su deseo de continuar con los Rays, hay una frase suya que resume el momento que está viviendo y que parece convertirse en el hilo conductor de esta nueva etapa de su carrera:
“No es cómo se empieza, es cómo se termina”.
Y los números comienzan a darle contenido a esa afirmación.
Desde su llegada a Tampa Bay, Peralta ha realizado nueve aperturas, con marca de 5-2, alrededor de 50 entradas lanzadas, 47 ponches, 13 boletos y una efectividad cercana a 3.04 hasta su presentación del 19 de septiembre.
Pero donde más evidente resulta la transformación es en septiembre.
En sus cuatro aperturas del mes, el dominicano tiene marca de 3-0 y efectividad de 1.19 en 22.2 entradas, con apenas tres carreras limpias permitidas, 19 ponches y solamente 12 hits. Los bateadores contrarios le están bateando apenas .154 durante ese período.
Su última salida, el 19 de septiembre frente a Boston, volvió a mostrar esa versión.
Peralta trabajó 5.2 entradas, permitió cuatro hits y una carrera limpia, mientras ponchaba a seis bateadores.
La transformación adquiere todavía mayor dimensión cuando se compara con lo ocurrido durante su paso por Nueva York.
Con los Mets terminó con efectividad de 4.99 en 22 aperturas y 113.2 entradas.
MLB registra además una diferencia considerable dentro de esa misma etapa: después de un comienzo de 3.10 de efectividad en sus primeras nueve aperturas, Peralta tuvo una efectividad de 6.44 en sus siguientes 13 salidas.
Tampa Bay lo adquirió el 2 de agosto en un cambio que llevó a Nueva York a los prospectos Gary Gill Hill, Aidan Smith y Émilien Pitre.
El cambio de escenario, sin embargo, no fue suficiente por sí solo para producir una transformación inmediata.
En sus primeras cuatro aperturas con Tampa Bay, Peralta tuvo marca de 0-2 y efectividad de 7.17.
Pero el 26 de agosto ocurrió uno de esos momentos que pueden cambiar el rumbo de una temporada: lanzó seis entradas sin permitir carreras ante Detroit, concedió apenas dos hits, no otorgó boletos y ponchó a cuatro.
A partir de ahí comenzó a aparecer otra versión.
Y Peralta explica que la diferencia no estuvo solamente en cambiar de uniforme.
Hubo trabajo, ajustes y una comunicación diferente con el personal de Tampa Bay.
“Me ayudaron con la extensión y eso mejoró mucho mi recta”, explicó.
Ese detalle tuvo una consecuencia importante. Cuando la recta comenzó a responderle de la manera que esperaba, también aumentó su confianza.
“Cuando tengo la recta ahí, la confianza sube más”, manifestó.
La transformación tampoco la atribuye a una sola persona ni a un único ajuste.
Peralta habla de una combinación de factores y del trabajo realizado con los coaches para identificar aquellos pequeños detalles que podían marcar una diferencia grande.
“Solamente vimos unas cuantas cositas diferentes, en las cuales ellos me pusieron énfasis y pusieron el esfuerzo de ayudarme a trabajar en eso y hoy en día está dando de qué hablar”, señaló.
Los resultados respaldan sus palabras.
En septiembre, Tampa Bay ha ganado las cuatro aperturas que Peralta ha realizado hasta el 19 de septiembre, mientras el dominicano ha limitado a sus oponentes a tres carreras limpias en 22.2 entradas.
Su salida del 1 de septiembre contra los propios Mets fue especialmente significativa: lanzó seis entradas, permitió tres hits y una carrera, no concedió boletos y ponchó a siete.
Después de permitir un cuadrangular de Francisco Lindor y dos hits adicionales en el primer episodio, retiró a 17 de los últimos 18 bateadores que enfrentó, incluidos los últimos 13.
Para Peralta, recuperar el nivel también ha significado recuperar tranquilidad.
“No me siento diferente, sino el mismo de siempre, lo único que un poco mejor y ya más tranquilo mentalmente”, explicó.
El dominicano entiende que el trabajo del lanzador no puede separarse de quienes lo rodean.
La secuencia de los pitcheos, la confianza en su receptor, la comunicación con los coaches y la capacidad de ejecutar cuando llega el momento forman parte de la nueva ecuación.
“La secuencia de pitcheo, confiando en mí, confiando en el trabajo de mi catcher, de los coaches y de todo, y poniendo todo junto, ya los resultados son diferentes”, sostuvo.
Y hay algo que Peralta no quiere hacer: convertir su paso por los Mets en una historia de reproches.
No habla mal de la organización. Reconoce que recibió apoyo y que quienes estuvieron a su alrededor intentaron ayudarlo. Pero también asume su parte de responsabilidad.
“Yo también no pude dar la mejor versión de mí en ese tiempo”, admitió.
Para él, aquella etapa no debe ser eliminada de su historia. Es parte de una carrera en la que, como ocurre con cualquier lanzador, existen momentos de dominio y otros en los que es necesario buscar respuestas.
“No diría que quiero dejar atrás eso de estar hablando mal. Sería malagradecido de mi parte. Yo me siento bien con todo lo que pasó allá. Son experiencias que uno vive”, manifestó.
Ahora la historia es otra.
Tampa Bay le ha permitido comenzar nuevamente y, sobre todo, demostrar que todavía puede ser una pieza importante dentro de una rotación cuando encuentra la mecánica, la confianza y la tranquilidad necesarias.
Y mientras se acerca el final de la temporada, Peralta entiende que el verdadero examen no está en lo que ocurrió en Nueva York ni siquiera en cómo comenzó su estadía con Tampa Bay.
Está en lo que pueda construir a partir de ahora.
“Siempre uno da lo mejor de uno por una temporada completa para llegar a este momento. Al final del día, este es el paso final de lo que uno quiere lograr, que es ganar la Serie Mundial. Pero por ahí se empieza”, dijo.
Por eso su frase cobra todavía mayor significado.
Freddy Peralta ya sabe cómo comenzó este capítulo.
Ahora quiere decidir cómo termina.
Y si los números de septiembre sirven como indicio, el dominicano está llegando a ese desenlace sintiéndose nuevamente dueño de su repertorio, de su confianza y de su destino sobre el montículo.








