CITI FIELD, QUEENS, NY.─ La llegada de Jorge Polanco a los Mets de Nueva York no solo representa una apuesta deportiva, sino también una declaración de intenciones dentro de un equipo que busca consolidar identidad y liderazgo en la temporada 2026.
A sus 32 años, con 13 campañas en las Grandes Ligas, el veterano dominicano aterriza en Nueva York con la responsabilidad de adaptarse a un nuevo rol defensivo y, al mismo tiempo, convertirse en una voz de equilibrio dentro del clubhouse.
Firmado durante la temporada muerta por dos años y 40 millones de dólares, Polanco asume el reto de la primera base, una posición poco habitual en su trayectoria, pero que enfrenta con la naturalidad de quien ha construido su carrera sobre la versatilidad.
Su recorrido inició en 2014 con los Mellizos de Minnesota, organización donde se consolidó durante una década como uno de los infielders más consistentes de la Liga Americana.
Posteriormente, su paso por los Marineros de Seattle reafirmó su valor, siendo pieza importante en un equipo que en 2025 rozó la Serie Mundial tras caer en la Serie de Campeonato ante los Azulejos de Toronto.
Ese bagaje lo acompaña ahora en Queens, donde la exigencia es distinta. Jugar en una ciudad como Nueva York implica lidiar con presión mediática constante y una afición que no negocia el esfuerzo.
Sin embargo, Polanco ha encontrado en el entorno de los Mets un espacio de adaptación marcado por la comunicación y la cercanía.
“La comunicación aquí es muy importante… todo el mundo se comunica muy bien”, comentó con serenidad, resaltando uno de los aspectos que más valora en esta nueva etapa.
Para él, ese diálogo constante no solo fortalece las relaciones internas, sino que también impacta directamente en el rendimiento colectivo.
La transición al ambiente neoyorquino ha sido progresiva, pero positiva. El respaldo de sus compañeros y el trabajo del cuerpo técnico han sido claves para que el infielder se sienta cómodo desde el inicio.
“Han hecho un muy buen trabajo para que me sienta cómodo… trato de traer buena vibra al equipo”, explicó, dejando entrever una de sus principales cualidades: la capacidad de influir sin necesidad de protagonismo excesivo.
En el terreno, el proceso de adaptación a la primera base ha comenzado a dar señales alentadoras. Polanco ha buscado involucrarse activamente en cada jugada, entendiendo que la repetición es fundamental para dominar una posición nueva.
“He tenido mucha acción en primera… eso es importante para sentirme más cómodo”, afirmó, evidenciando su compromiso con el desarrollo continuo.
Más allá de su defensa, su aporte ofensivo sigue siendo un argumento sólido. Con promedio de por vida de .263, 154 cuadrangulares, 571 carreras impulsadas y un OPS de .772, Polanco llega como un bate confiable en el lineup.
Su temporada 2025 con Seattle —.265, 26 jonrones y 78 remolcadas— confirmó que aún tiene impacto en momentos clave, recordando además su pico de poder en 2021, cuando conectó 33 vuelacercas.
Pero si hay un aspecto donde su presencia puede ser determinante es en el liderazgo. En un roster con talento joven, Polanco asume el rol de mentor con naturalidad. No desde la imposición, sino desde la experiencia compartida.
“Tratamos de dar los mejores consejos… si veo algo malo, ayudar; si veo algo bueno, también reconocerlo”, señaló, reflejando una filosofía basada en el crecimiento colectivo.
Dentro del clubhouse, el mensaje es uniforme: construir una cultura competitiva y fortalecer la química del grupo.
Polanco forma parte activa de ese proceso, entendiendo que los equipos exitosos no solo se construyen con talento, sino con cohesión.
“Queremos crear una cultura muy competitiva… eso lo hablamos como equipo”, afirmó.
En ese camino, el respaldo de la afición en el Citi Field se convierte en un impulso adicional. La energía que baja desde las gradas no pasa desapercibida para el dominicano, quien reconoce su impacto directo en el rendimiento.
“La fanaticada nos da más energía… eso nos ayuda a dar el 100%”, expresó.
Así, sin estridencias, Jorge Polanco comienza a escribir su historia con los Mets. No como una figura que busca acaparar titulares, sino como un profesional que entiende el valor de cada detalle dentro del juego.
En una temporada donde las expectativas son altas, su experiencia, consistencia y liderazgo silencioso podrían convertirse en uno de los factores más determinantes para el destino del equipo en 2026.








