Agustín Zapata / (ENVIADO ESPECIAL)
COOPERSTAWN, NY.- En el panteón de la celebridad, el término «personalidad de megavatios» se usa casualmente, como si regiones enteras estuvieran iluminadas por la mera presencia de una estrella.
Para David Ortiz, esa metáfora se aplica en dos lugares: su ciudad natal de Santo Domingo y su ciudad adoptiva de Boston.
Esa dualidad ha definido su vida desde 2003, cuando se unió a los Medias Rojas y lanzó una carrera en Boston que incluyó tres títulos de Serie Mundial, nueve apariciones en el Juego de Estrellas y 541 jonrones.
Sin embargo, aunque es venerado en Nueva Inglaterra por ayudar a los Medias Rojas de 2004 a romper una sequía de títulos de 86 años, quizás sea aún más apreciado en la República Dominicana.
David Ortiz tuvo su inducción al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, New York, el domingo en medio de Banderas dominicanas y un mar de fanáticos vociferaban a su ídolo.
Había más banderas dominicanas el domingo en Cooperstown que probablemente en cualquier otro lugar además de la propia RD, cada una ondeando con orgullo por Big Papi, quien es solo el cuarto dominicano en llegar al Salón.
“Mi gente en la República Dominicana, que lo qué. La República Dominicana, mi tierra, wao. La tierra que me vio nacer, muchas gracias, gracias por su gente que me han acogido como uno de sus hijos favoritos y me ha brindado su apoyo paso tras paso, a través de mi carrera”, dijo David, muy emocionado, mientras miles vociferan Papi, Papi, Papi.
“Gracias por su música que me ha llenado de vida, alegría, sabor todos los días”, agregó.
David saludó a sus excompañeros de clubhouse y dijo que Quisqueya La Bella, su país, su patria chica, nada se puede comparar.
Saludó al presidente dominicano Luis Abinader por enviar la comitiva. Y al mismo tiempo elogió su estilo de gobernar.
Ortiz, agradeció a su compadre Pedro Martínez, quien fue la persona que hizo el esfuerzo para que El Papi se uniera a los Medias Rojas de Boston.
También habló de sus padres, quienes se esforzaron para darle lo mejor a él y su hermana.
“Mi mamá era una mujer jociadora, trabajadora. Una mujer incansable que quería darle lo mejor a sus hijos, igual que papi que se fajaba conmigo y mis hermanas a meter manos como sea”, manifestó.
Dijo que el primer juguete que le regaló su padre fue un guante y un bate, y el guante era para un campocorto.
Se sacrificó mucho y lo más importante fue que ambos se enfocaron para educarnos y eso se lo agradecerá en el alma. Por eso cada vez que bateaba un jonrón miraba al cielo en honor a ella.
“Mami era todo para mí”, sollozo David Ortiz, El Big Papi, emocionado.








