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YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ José Leger no esconde que algún día le gustaría sentarse en el despacho principal de un equipo de Grandes Ligas.
Lo dice con humildad, sin adelantarse a los acontecimientos, pero consciente de que el camino que ha recorrido durante más de dos décadas en el béisbol profesional lo coloca entre los nombres de mayor proyección dentro de la nueva generación de técnicos dominicanos.
“Sería un placer y un honor tremendo”, expresó Leger al referirse a la posibilidad de dirigir algún día en las Grandes Ligas, una meta reservada para apenas 30 personas en todo el béisbol.
Sin embargo, fiel a la filosofía que lo ha acompañado durante toda su carrera, prefiere enfocarse en el presente y disfrutar cada paso de una trayectoria construida a base de sacrificios, perseverancia y preparación.
La historia de Leger dista mucho de la de aquellos prospectos dominicanos que firman contratos millonarios a temprana edad. Nacido en Santo Domingo, firmó hace más de 20 años con la organización de los Mellizos de Minnesota por un bono de apenas US$1,000, una cifra que hoy parece impensable en medio de la era de acuerdos multimillonarios para jóvenes talentos internacionales.
Pero el dinero nunca fue el motor principal de su decisión. Convencido de que podía abrirse paso en el béisbol profesional, aceptó el reto de iniciar una carrera que parecía cuesta arriba.
Su formación académica le daba una ventaja poco común entre los jugadores dominicanos de la época.
Había cursado estudios en Georgia y posteriormente jugó béisbol universitario en Georgia College and State University, dominando perfectamente el inglés y entendiendo la cultura del béisbol estadounidense desde adentro.
Como jugador se desempeñó como receptor y antesalista dentro del sistema de ligas menores de Minnesota durante las temporadas de 2005 y 2006. Sin embargo, cuando intentaba consolidarse, el destino cambió radicalmente sus planes. Una lesión en el hombro derecho durante su segundo año en Doble A puso fin prematuramente a su carrera sobre el terreno.
Para muchos, aquello habría significado el final del sueño. Para Leger fue simplemente el inicio de una nueva etapa.
Lejos de alejarse del béisbol, comenzó a trabajar como instructor y posteriormente como dirigente en las ligas menores.
Desde entonces inició un proceso de aprendizaje constante que lo llevó a recorrer cada nivel del desarrollo de jugadores, ganándose el respeto de organizaciones y peloteros por igual.
Ese trabajo silencioso finalmente rindió frutos cuando recibió la oportunidad de integrarse al cuerpo técnico de Grandes Ligas.
“Es un cambio grande. Sabemos que aquí está el mejor béisbol del mundo. Más hacerlo con una organización que tiene tanto talento joven, donde la enseñanza no para. Igual que en ligas menores, aquí uno sigue enseñando”, comentó durante una entrevista realizada en Yankee Stadium.
Leger reconoce que alcanzar las Grandes Ligas como coach representa la materialización de un objetivo que se trazó desde que comprendió que no podría continuar jugando.
“Era un sueño que quería cumplir en algún momento y se dio este año luego de una carrera larga en ligas menores. No se dio como jugador y por eso empecé a coachear a temprana edad. Hoy lo estoy viviendo al máximo”, afirmó.
Su ascenso llegó después de una destacada etapa como dirigente en las menores, donde acumuló experiencia y éxitos, incluyendo campeonatos que fortalecieron aún más su reputación dentro del béisbol organizado.
Actualmente desempeña funciones como coach de primera base, trabaja con los jardineros y colabora directamente en el desarrollo de los corredores de bases, buscando maximizar cada oportunidad ofensiva para su equipo.
La diferencia entre las ligas menores y las Grandes Ligas es evidente para quien ha transitado ambos mundos.
“Aquí no hay mucho margen de error. Cuando cometes un error físico o mental, te puede costar hasta un partido”, explicó.
“La calidad de los jugadores, los estadios, los viajes, la consistencia; todo es diferente”.
A pesar de encontrarse en el escenario más importante del béisbol mundial, Leger mantiene los pies sobre la tierra. Sabe que todavía tiene mucho por aprender y que el respeto dentro de esta industria se gana diariamente.
Sobre la presencia latina en los puestos de liderazgo, observa señales alentadoras. Destaca la llegada de nuevos coaches dominicanos a las Grandes Ligas y entiende que la tendencia podría continuar creciendo en los próximos años.
“Creo que hay mucha presencia latina. En prácticamente todos los equipos hay representantes de nuestra comunidad. En cuanto a dirigentes, Oliver Marmol es actualmente el único dominicano, pero eso puede cambiar en el futuro”, señaló.
La historia de José Leger es la demostración de que el éxito en el béisbol no siempre llega con grandes bonos o titulares tempranos. Algunas veces se construye desde la adversidad, desde una lesión que obliga a cambiar de rumbo o desde un contrato modesto que apenas parecía abrir una puerta.
Hoy, más de veinte años después de aquella firma de apenas mil dólares, Leger se encuentra en las Grandes Ligas, viviendo el sueño que una vez imaginó.
Y aunque insiste en enfocarse en el presente, su nombre comienza a sonar con fuerza entre los posibles dirigentes dominicanos del futuro.
Porque en el béisbol, como en la vida, los sueños más grandes suelen pertenecer a quienes nunca dejaron de trabajar por ellos.








