Lo dije recientemente en el programa radial Escenario Deportivo, por Radio Leo 1170 AM de Ponce, donde participo todos los lunes y viernes: una vez despiden a un mánager, se desata una seguidilla de cesantías en Grandes Ligas.
Y no tardó en cumplirse.
Porque así funciona este negocio. En MLB no hay paciencia cuando el barco se hunde temprano. Los dueños se desesperan, las oficinas centrales sienten la presión de la fanaticada, y la primera cabeza que rueda casi siempre es la del dirigente. Y cuando una cae… las demás empiezan a tambalearse.
El primer golpe fue fuerte y directo.
El puertorriqueño Alex Cora fue despedido por los Boston Red Sox el pasado domingo 26 de abril, luego de un arranque vergonzoso de 10-17, ocupando el sótano de la División Este de la Liga Americana. Como si fuera poco, el equipo también sacó del camino a cinco miembros de su staff de coaches el sábado, enviando un mensaje claro: en Boston se acabó la tolerancia.
Su sustituto fue Chad Tracy, exjugador de Grandes Ligas y dirigente del equipo Triple-A en Worcester desde 2022, quien fue nombrado mánager interino. Una movida lógica desde el punto de vista administrativo, pero que no necesariamente significa que el problema real del equipo haya sido Cora.
Pero lo que sí confirmó esto fue lo que todos sabemos: cuando la presión sube, la silla del dirigente se convierte en la más caliente del estadio.
Apenas dos días después, el patrón volvió a repetirse.

Los Philadelphia Phillies despidieron a Rob Thompson, y el equipo decidió colocar en su lugar nada más y nada menos que a Don Mattingly, una figura respetada, con presencia, liderazgo y una trayectoria que impone orden desde el primer día.
En otras palabras: Filadelfia no quiso un parche… quiso un golpe de autoridad.
Y aquí es donde llega la pregunta obligada.
¿Quién será el próximo?
Porque no nos engañemos: esto no se va a quedar ahí. Esto apenas comienza.
Cuando dos equipos importantes hacen movimientos drásticos tan temprano, otros clubes empiezan a mirarse en el espejo. Empiezan las reuniones a puertas cerradas, los “análisis internos”, las llamadas urgentes y las excusas de siempre: “no es el momento que esperábamos”, “el equipo no está respondiendo”, “necesitamos un cambio de dirección”.
Pero el mensaje real es uno solo: alguien tiene que pagar.
Y ahora mismo, si hablamos de candidatos serios a ser el próximo dirigente despedido, hay dos nombres que destacan con letras grandes.
Carlos Mendoza (Mets de Nueva York)
La situación de los Mets (9-19) es alarmante. No por perder —porque perder pasa— sino por la forma en que se está perdiendo. Desorganización, inconsistencia, y una energía de equipo que luce sin dirección.
Mendoza está en una franquicia donde la presión no es deportiva… es mediática, financiera y política. En Nueva York no hay paciencia, y mucho menos cuando el equipo se supone que compita y termina jugando como conjunto de media tabla.
Si la temporada sigue tomando este rumbo, la gerencia va a necesitar un sacrificio, y ya sabemos quién siempre termina en el altar.
Warren Schaeffer (Rockies de Colorado)
Lo de Colorado es casi crónico. Los Rockies llevan años siendo sinónimo de reconstrucción eterna, mal manejo de roster y decisiones cuestionables.
Pero aunque Schaeffer no sea necesariamente el principal culpable, en MLB la lógica es cruel: cuando el equipo no responde, el dirigente se convierte en el fusible más fácil de reemplazar.
Y con un inicio paupérrimo, Colorado podría decidir “cambiar la voz” en el clubhouse como estrategia desesperada para salvar la temporada… o al menos vender esperanza.
Joe Espada( Astros de Houston)
No creo, se momento. El equipo acaba de confirmar que le dan su respaldo a pesar del mal inicio (11-18. Pero recuerden algo, la novena texana siempre es favorita en su división y candidata en playoffs.
La realidad es simple: la temporada es larga, pero la paciencia es corta. Abril apenas está terminando y ya vimos dos despidos que estremecieron el panorama. Y lo más interesante es que esto no ocurre en julio o agosto, cuando el fracaso es evidente. Está ocurriendo temprano, lo que significa que los equipos están entrando en modo pánico.
Así que la pregunta no es si habrá más despidos.
La pregunta real es: ¿quién será el próximo en caer?
Porque una vez comienza la limpieza… nadie está seguro.
Y yo lo advertí en radio.
Dicho y hecho.









