(3 de 5)
CITI FIELD, QUEENS, NY.─ Antes de volver a encontrar estabilidad en el béisbol profesional y de integrarse en 2026 a los Bravos de Atlanta, el veterano lanzador venezolano Martín Pérez vivió uno de los momentos más decisivos y emocionales de su carrera reciente.
Las lesiones acumuladas, especialmente la del codo en su última etapa, lo llevaron a un punto límite en el que llegó a contemplar seriamente el retiro. No era una decisión tomada a la ligera ni en frío: fue el resultado de una conversación profunda con su círculo más cercano, donde abrió su corazón sobre la posibilidad de dejar el béisbol si su cuerpo no le permitía competir sin dolor.
En ese escenario, la familia se convirtió en su principal apoyo y en el espejo donde evaluó su futuro, en medio de la incertidumbre de una carrera de 15 años en Grandes Ligas y un 2025 marcado por la inestabilidad física y los contratos de corta duración.
Las lesiones, el desgaste acumulado y una conversación familiar que rozó la despedida marcaron el momento más sensible en la carrera reciente de Martín Pérez, quien tras 15 años en las Grandes Ligas y paso por siete organizaciones, hoy en 2026 vuelve a levantarse con los Bravos de Atlanta, luego de firmar un contrato de liga menor tras una temporada 2025 llena de dificultades físicas.
El experimentado lanzador venezolano no ocultó que los problemas de salud de los últimos años han tenido un impacto directo en su estabilidad contractual dentro de MLB. En su caso, las lesiones han sido un factor determinante para que no haya podido asegurar acuerdos multianuales.
“La última temporada no ha sido tan buena en el sentido de las lesiones. Yo creo que sí, eso ha sido parte de que no haya conseguido un contrato más allá de un año”, reconoció el zurdo con franqueza.
Pérez recordó que su situación comenzó a complicarse desde campañas anteriores, cuando las molestias físicas limitaron su continuidad en el montículo y encendieron alertas en varias organizaciones.
“En 2024 estuve con San Diego, estuve con Pittsburgh, me lesioné, no lancé mucho. Obviamente los equipos tenían cierto miedo de ofrecerme un contrato multianual”, explicó, dejando entrever cómo el mercado fue cambiando su valoración.
El punto más delicado llegó cuando, en su más reciente etapa antes de Atlanta, una lesión en el codo alteró por completo sus expectativas. Ese episodio no solo afectó su rendimiento, sino que lo llevó a una reflexión profunda sobre su futuro.
“Empecé la temporada bien, pero me lesioné del codo, algo que uno no controla”, relató.
Fue entonces cuando tomó una decisión que marcó emocionalmente su entorno más cercano. Antes de iniciar la campaña, reunió a su familia para hablar con honestidad sobre la posibilidad de un retiro si su cuerpo no respondía.
“Hablé con mi esposa, mi mamá, mi papá, mis hermanos y mis familiares más allegados. Les dije que si mi brazo no respondía como yo quería, quizás era el momento de soltar los guantes y dedicarme a mi familia”, confesó.
El veterano derecho añadió que jugar con dolor no tolerable se volvió un límite personal, más allá de la exigencia del béisbol profesional.
“Hay dolores que tú toleras y te acostumbras a jugar con dolor, pero en mi caso era distinto. Esa era la mentalidad que tenía en ese momento”, agregó.
Sin embargo, el destino volvió a abrirle la puerta. Con una mezcla de fe y resiliencia, Pérez asegura que hoy se encuentra en mejor condición física y mental para seguir compitiendo al más alto nivel.
“Dios tiene otros planes. Gracias a Dios me siento sano, estoy saludable y haciendo lo que me gusta. Seguimos aquí metiendo manos”, expresó con optimismo.
En esta nueva etapa con los Bravos de Atlanta, el veterano serpentinero también ha encontrado un entorno competitivo y humano que valora profundamente. Aunque no tenía una relación previa con el dirigente, su adaptación ha sido positiva desde el primer momento.
“No teníamos una relación de años atrás, pero sé que es tremendo tipo. Lo veía cuando jugaba contra Atlanta”, dijo sobre el dirigente.
Incluso destacó las referencias recibidas de su compatriota Eduardo Pérez, quien le había hablado muy bien del mando del equipo.
“A mí Eduardo Pérez me decía que es tremenda persona, y con los días uno se da cuenta de eso”, señaló.
Pérez también resaltó la comunicación y el trato cercano dentro del clubhouse, especialmente en momentos de decisiones difíciles durante los juegos.
“Estábamos hablando ayer de una situación del juego porque me había sacado, y uno respeta las decisiones del manager. Son cosas que no controlas”, explicó.
Más allá de las decisiones técnicas, el lanzador subraya el valor humano del cuerpo técnico como una pieza clave en su motivación diaria.
“Es una persona que le importa el jugador, que está ahí, que pelea por ti. Eso es lo que deben hacer los managers”, afirmó.
Hoy, con una carrera extensa, múltiples uniformes y batallas físicas superadas, Martín Pérez vuelve a encontrarse con lo esencial: la oportunidad de seguir lanzando, ahora con la serenidad de quien ya ha estado al borde de decir adiós, pero también con la convicción de que aún le queda vida en el brazo.








