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YANKEE STADIUM, BRONX, NY.- Luis Severino encontró en el Clásico Mundial de Béisbol una experiencia que transformó su carrera y su forma de ver el juego.
El derecho de los Atléticos de Oakland, reconocido por su trayectoria en las Grandes Ligas, vivió por primera vez la intensidad de representar a la Selección Dominicana de Béisbol en un torneo de esta magnitud, y lo hizo dejando una huella marcada por la emoción, la entrega y una recta que alcanzó entre las 95 y 100 millas por hora en momentos clave.
Desde el inicio del torneo, que recorrió sedes como Houston, Japón y Puerto Rico, hasta llegar al escenario final en el estadio de los Marlins en Miami, Severino sintió que cada salida tenía un significado especial.
Sin embargo, fue en la semifinal frente a Estados Unidos donde experimentó el punto más alto de adrenalina en su carrera.
Aquel duelo, que terminó con una cerrada derrota 2-1, dejó a República Dominicana a las puertas de disputar la gran final y de luchar por su segundo título en el torneo.
“Eso fue algo increíble, de verdad que lo gocé demasiado”, confesó Severino al recordar el torneo.
“El apoyo que nos dieron los dominicanos fue algo que nunca hubiera imaginado. Estoy agradecido con la fanaticada, con Pujols, con Nelson, por la oportunidad de competir por mi país”.
El lanzador hizo énfasis en lo especial que fue el enfrentamiento ante Estados Unidos, comparándolo con la máxima presión de un séptimo juego de Serie Mundial.
“Ese juego se podría decir que fue un juego 7. Nunca he estado en uno, pero sí en muchos juegos de playoff, y jamás me había sentido con tanta adrenalina como ese día”, explicó.
Severino también destacó el trabajo de figuras como Albert Pujols y Nelson Cruz en la construcción del equipo, subrayando que más allá del talento, la clave del éxito fue la química dentro del clubhouse.
“Hicieron un gran trabajo seleccionando a los jugadores. Además del talento, había una química muy buena, que fue lo principal para llegar hasta donde llegamos”, señaló.
Sobre su mentalidad en el montículo durante ese juego decisivo, Severino fue claro: “Yo iba a dar lo mejor de mí. Eso es lo único que puedo controlar. Dejar todo en el terreno y ver qué pasa”.
Aunque el resultado no fue el esperado, la experiencia dejó una marca imborrable en el lanzador dominicano, quien ahora regresa a las Grandes Ligas con una perspectiva renovada y la satisfacción de haber defendido los colores de su país en uno de los escenarios más exigentes del béisbol internacional.








