YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ Hay peloteros que piensan únicamente en el próximo contrato, en la próxima temporada o en cuántos años más podrán permanecer en las Grandes Ligas. Martín Pérez piensa también en el día después.
A sus 35 años y desarrollando su temporada número 15 en el mejor béisbol del mundo, el zurdo venezolano ha recorrido un largo camino con siete organizaciones de Grandes Ligas.
Pero detrás del lanzador que cada cinco días sube al montículo existe otro Martín Pérez, uno que se levanta temprano, revisa animales, conversa con veterinarios, analiza programas de inseminación y piensa en genética.
Es el Martín Pérez hacendado. El ganadero. El empresario.
Y esa faceta nació mucho antes de que pudiera imaginar todo lo que conseguiría en el béisbol.
“Es algo que me apasiona desde niño”, explica Pérez al hablar de sus proyectos en Venezuela. Desde que llegó a las Grandes Ligas tuvo claro que quería administrar bien el dinero que estaba comenzando a ganar para algún día comprar una finca.
Ese sueño ya es una realidad.
Hoy posee dos fincas en Venezuela y alrededor de 2000 animales, dentro de un proyecto que ha dejado de ser simplemente una propiedad familiar para convertirse en una verdadera compañía.
Pérez reconoce que la juventud puede llevar a cometer errores, especialmente cuando llegan los primeros grandes ingresos de una carrera profesional.
“Cuando uno está joven uno quiere comerse el mundo y yo creo que esa no es la forma de uno hacer las cosas”, admite.
Con los años, su visión cambió. Ahora administra su proyecto junto a su esposa, con objetivos definidos y pensando no solamente en el presente, sino en el futuro de sus hijos.
“No sabemos cuánto tiempo voy a durar yo jugando pelota y queremos que cuando ya yo no esté en el terreno, pues podamos estar bien, obviamente darle un buen futuro a nuestros hijos”, afirma.
Ese pensamiento resume buena parte de la filosofía que ha adoptado fuera del béisbol: aprovechar los años productivos de una carrera deportiva para construir algo que pueda permanecer cuando llegue el momento de guardar definitivamente el guante.
Y Pérez encontró esa seguridad en la ganadería.
Actualmente trabaja en el mejoramiento genético de sus animales, utilizando programas de inseminación y semen procedente de Colombia.
Su objetivo es producir ganado de calidad, seleccionar los mejores ejemplares para convertirse en padrotes y llevar otros animales al proceso de engorde para posteriormente comercializarlos como carne.
Pero el proyecto no termina ahí.
Pérez quiere que su finca tenga un nombre reconocido dentro de la ganadería venezolana.
“Queremos crecer en genética, queremos que la gente también pueda tener la oportunidad de usar nuestros animales y que sepan que cada vez que hablen de mi finca, pues sepan que yo tengo buena genética”, señala.
Es una mentalidad muy parecida a la que ha desarrollado en el béisbol: buscar calidad, trabajar con disciplina y pensar a largo plazo.
La vida del pelotero durante la temporada le exige concentración absoluta.
Cuando está en Estados Unidos, su prioridad continúa siendo el béisbol. Pero cuando llega a Venezuela, cambia el uniforme por las botas y el terreno de juego por los potreros.
Después de entrenar, se dedica a sus fincas. Los fines de semana son prácticamente obligatorios para visitar los animales, revisar las operaciones y seguir de cerca el desarrollo del proyecto.
“Yo creo que nada más no es una finca. Obviamente cuando es algo muy grande, pues no se pueden hacer las cosas a lo loco porque el dinero se va a acabar en cualquier momento y es lo que no quiero”, explica.
Ahí está quizás una de las grandes diferencias entre comprar una finca y construir una empresa ganadera.
Pérez entendió que no se trata simplemente de tener animales y tierra. Hay que administrar, invertir, seleccionar, producir y controlar los gastos.
Su operación genera empleo para decenas de personas. Durante el invierno cuenta con aproximadamente 15 o 16 trabajadores, mientras que en el verano, cuando aumentan las labores de limpieza y mantenimiento, el número puede crecer hasta 20 o 25 empleados.
En total, la compañía involucra aproximadamente entre 30 y 32 personas, incluyendo trabajadores y profesionales especializados.
Veterinarios e ingenieros agrónomos forman parte de ese equipo que acompaña al lanzador en su aventura empresarial.
Porque detrás de cada animal existe un proceso.
Las fincas cuentan con tres períodos de inseminación durante el año y, por consecuencia, las pariciones se producen de manera constante. Hay que preparar los terrenos, limpiar las cercas, controlar la maleza, fumigar y organizar los potreros para mantener un adecuado manejo del ganado.
Luego llega uno de los momentos que Pérez disfruta más: el nacimiento de los animales.
Tatuar las orejas, colocar los chips de identificación, llevarlos a los corrales, destetarlos, marcarlos con el hierro y posteriormente clasificarlos.
Cada animal tiene un destino.
Los mejores ejemplares son seleccionados para convertirse en padrotes. Otros son destinados al engorde y posteriormente a la producción de carne.
Hace aproximadamente dos meses y medio, Pérez vivió uno de los momentos más importantes de su proyecto: después de dos años de trabajo pudo destetar cerca de 600 animales de su cría.
Y el próximo año espera que la producción sea todavía mayor.
Sus dos fincas están ubicadas en Venezuela, en los estados Portuguesa y Barinas. Pérez se crió en Las Matas, un pequeño pueblo del estado Portuguesa, y esa conexión con la tierra parece explicar buena parte de su pasión por la ganadería.
En una de sus propiedades concentra animales destinados al engorde y ejemplares que serán utilizados como padrotes.
En la finca más grande se encuentran las vacas destinadas a los programas de inseminación, las que están preñadas y las que se encuentran próximas a parir.
También tiene búfalas.
De ellas obtiene leche para producir queso, una actividad que Pérez describe como una especie de “caja chica” de la finca.
Cada semana se produce y comercializa el queso, generando ingresos constantes que ayudan a cubrir las necesidades de la operación.
Es decir, el proyecto tiene producción, empleo, inversión y flujo de efectivo.
No es simplemente el pasatiempo de un pelotero que disfruta de los animales.
Es una empresa.
Y Pérez sabe que para que funcione debe manejarse con la misma seriedad con la que ha manejado su carrera profesional.
“Yo estoy enfocado en mi béisbol. Mi esposa me ayuda mucho fuera del terreno con mis hijos y con lo que tiene que ver con la compañía de las fincas y los animales, y estamos muy bien”, explica.
Esa sociedad familiar también representa para él una forma de asegurar el futuro.
Porque el lanzador sabe perfectamente que ningún brazo es eterno.
Después de 15 años en las Grandes Ligas, Pérez ha aprendido una de las grandes lecciones del deporte profesional: los contratos terminan, las temporadas pasan y algún día el cheque deja de llegar con la misma frecuencia.
Por eso su mensaje para los jóvenes peloteros es directo.
“Hay que invertir su dinero porque no sabemos por cuánto tiempo vamos a jugar”.
Pérez recomienda a los jugadores que comienzan a recibir sus primeros ingresos importantes que no se dejen llevar por la tentación de gastar sin planificación.
Su consejo es buscar profesionales.
“Que busquen un asesor financiero que los pueda ayudar a dónde pueden invertir su dinero, cuáles son el porcentaje de ganancias que tienes al año”, recomienda.
Y agrega una frase que resume su aprendizaje después de tantos años en el béisbol:
“Cuando tú te retiras los cheques no van a llegar igual, sino que tú vas a sacar de tu banco”.
Quizás esa sea la verdadera historia detrás del Martín Pérez empresario.
No está intentando abandonar el béisbol. Todo lo contrario. Mientras tenga la oportunidad, continuará compitiendo y tratando de ayudar a los Bravos de Atlanta desde el montículo.
Pero tampoco quiere esperar hasta el último día de su carrera para comenzar a pensar en el futuro.
Mientras lanza en las Grandes Ligas, está sembrando en Venezuela.
Mientras compite por victorias en el terreno, trabaja para producirlas también fuera de él.
Y mientras disfruta de los últimos capítulos de una carrera que arriba a los 15 años en MLB, Martín Pérez ya está construyendo aquello que quiere encontrar cuando llegue el día en que el béisbol deje de ser su trabajo.
Una finca, una empresa, genética, animales, empleo y, sobre todo, un patrimonio para su familia.
Porque para Martín Pérez, el verdadero éxito no consiste solamente en cuánto tiempo puede permanecer en las Grandes Ligas.
También consiste en saber qué hacer con lo conseguido mientras estuvo allí.








