En mi última columna en este medio, escribí sobre la necesidad de Albert Pujols de permanacer un tiempo más en las Mayores para alcanzar ciertos hitos que lo encumbrarían aún más a la inmortalidad del béisbol.
Pedí que aguantara un poco y no se rindiera.
Pero las cosas dieron un giro inesperado el pasado jueves, 6 del presente mes de mayo.
Fue puesto en asignación por los Angelinos de Los Ángeles en Anaheim.
Como pintaban las cosas, pensé que Pujols tomaría la decisión él mismo de retirarse al final del presente temporada. Pero lo que nunca vi venir fue que lo echaran de los Angelinos, el equipo con el cual firmó por 10 temporadas y un contrato de 240 millones de dólares.
El equipo californiano tomó la decisión de ponerlo en asignación. Se basaron en el notable y paulatino bajón de rendimiento del toletero dominicano en los últimos años. Pero no respetaron su estatus en la historia de este juego y de esta liga.
Arte Moreno, dueño del equipo, se limitó a “agradecer” lo que aportó Pujols a la organización.
Ahora el equipo tiene una semana para cambiarlo o esperar que otra organización lo reclame junto con su salario restante de 22 millones de dólares de los 30 millones que devenga en esta campana.
La gran pregunta es quién se tomará el riesgo con un jugador con 41 años de edad, con un promedio de bateo de .198 y 5 jonrones, pero que le cuesta embasarse.
Tal vez Tonny La Russa, su antiguo mánager en los Cardenales de San Luis, se lo lleve a los Medias Blancas de Chicago para que tome un último aliento y termine la faena de esta temporada, y quien sabe, un año más de acción.
Lo cierto es que si esto no sucede, sera el final mas triste para un jugador ejemplar que lo dio todo y ganó todo dentro del terreno de juego.









