Desde mis tiempos en la escuela bíblica dominical de la iglesia pentecostal de mi comunidad natal, me he grabado la definición más simple, pero acertada, de orar: orar es hablar con Dios; indudablemente que lo es.
Orar es un acto de devoción y acercamiento a nuestro Dios, que con aspecto íntimo, nos conecta sin intermediarios a la presencia del creador del universo.
Muchas personas limitan la acción de orar a un simple acto rutinario y tradicional donde sólo se repiten las mismas palabras una y otra vez, cuando el mismo Jesús nos enseñó en su Palabra sobre ese particular; …Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos¨. Mateo 6 versículo 7.
Con esto nos muestra que la oración es un acto muy espiritual por el cual nos dirigimos a Dios.
Orar no tiene hora ni espacio delimitado; si estás en la iglesia o en el trabajo, en una sala de espera o en la intimidad de tu hogar, puedes llevar tu pensamiento a una traquilidad reflexiva donde invoques el nombre de Jesús y comenzar el diálogo más bonito que podemos tener.
Una estructura definida o unas palabras perfectamente elegidas, o más bien un discurso muy elaborado, nunca han sido ni serán elementos necesarios para elevar una oración al Altísimo.
Mi querido lector, usted debe orar con el corazón en las manos, me refiero a una total honestidad y humillación, porque en ese lenguaje Dios se manifesta.
Una oración con alitivez o con ánimos de exigencia, no es una oración digna de ser escuchada.
Cuando oremos, dijo el Apóstol Santiago, pidamos bien para recibir y para que sea escuchada nuestra oración.
Una oración no debe ser enfocada en pedir cosas materiales o en pedir solo para usted mismo o para que Dios tome venganza de alguien que nos hizo alguna ofensa; más bien, oremos para dar gracias por todas las bendiciones que nos son regaladas y por las bendiciones de nuestros seres queridos.
Otro motivo de oración puede ser una petición de ayuda para cualquier área de nuestra vida o de nuestros allegados; podemos orar para arrepentirnos de nuestros pecados y por los errores que cometemos aún sea de manera inconsciente.
En una oración rogamos para que Dios nos guíe en nuestros proyectos, nuestras metas y en cada paso que hemos de dar, sabiendo esperar su respuesta a su justo tiempo.
Dejo de último y con mayor relevancia, el orar para alabar y adorar el nombre de Dios que es sobre todo nombre. No existe nada mayor que nuestro Dios, el Creador de todo lo que somos, lo que tenemos y lo que seremos. A Él demos gloria y honra.
Existen muchos motivos y temas de conversación para hablar con Dios como si fuera un amigo fiel que nos escucha y nos da respuesta, no obstante, existen también, muchas personas que el orar, les resulta un tanto difícil, aunque en su interior sienten ese fuego de conversar con Dios y, como muchas otras actividades importantes en nuestra vida, orar requiere de una disciplina constante, dejando el corre corre del día a día y enfocándonos en esa conversación tan necesaria con nuestro Dios.
El que cree en Dios sabe que Él nos escucha y su oído está presto para nosotros todos los días.
La oración es un arma poderosa que nos matiene conectados a Dios como los pámpanos a la vid y como un celular a la red wifi por la cual tenemos nuestro futuro asegurado en Sus manos.
Elige y saca tu tiempo de orar y no lo negocies con nada ni nadie, querido lector.
El poder está en la oración, no tienes ni que pensarlo.









