La votación para elegir a los posibles nuevos miembros del Salón de la Fama de Cooperstown ya concluyó. Y el 26 de enero se conocerán los nombres de los agraciados, si es que los hay.
Según los reportes dados a conocer por el colega Ryan Thibodaux en su rastreo anual de los votos hechos públicos por miembros de la Asociación de Escritores de Baseball de América, la famosa BBWAA (por sus siglas en inglés), una vez más y en su año final en la boleta, el dominicano Samuel “Sammy” Sosa ha sido el gran marginado.
Durante sus 10 años de presencia en la boleta para ingresar a dicho museo de béisbol, Sosa simplemente ha sido ignorado muy a pesar de que fue uno de los mejores bateadores de poder jamás vistos en la historia del deporte.
Lo mismo le ha ocurrido a los legendarios, el lanzador Roger Clemens y el toletero Barry Bonds, dos contemporáneos del “Bambino del Caribe”. Pero a diferencia de Clemens y Bonds, Sosa nunca recibió -ni creo, personalmete- que vaya a recibir en esta ocasión final más del 50 por ciento de los votos. O sea, ni una sola vez. Y eso que los tres son sospechosos de haber usado sustancias para mejorar el rendimiento, los famosos PED (en inglés).
Basados en esas sospechas, en ese supuesto uso de esteroides, los estimados miembros de la BBWAA no han medido con la misma vara a Clemens, Bonds y Sosa. Han sido injustos.
Mientras que Clemens y Bonds han “disfrutado” por encima los 50 y 60 por ciento de los votos cada año, Sosa lo más alto que ha conseguido ha sido un 17 % en 2021.
Es más, y lo mas ridículo de todo, es que otros jugadores como Manny Ramírez, toda una leyenda y un bateador bestial, sí dio positivo y fue, incluso, suspendido en varias ocasiones por ese hecho, y aún así, año tras año, ha recibido más votos que Sosa.
No les ha importado los fabulusos números estadísticos del dominicano, mucho menos que gracias a él y sus épicas batallas de jonrones con el gigante Mark McGwire en 1998 y 1999, el béisbol tuvo un renacimiento y un boom sin presedentes desde entonces. No bastó que Sosa haya disparado 609 jonrones y producido 1,667 carreras en su gloriosa carrera, tampoco que es el único pelotero con tres temporadas del 60 o más jonrones.
Sus características como jugador no pasaron desapercibidas, pero no apreciadas.
Entre 1998 y 2001, Sosa promedió 61 jonrones y 149 impulsadas con un promedio de .310 y un OPS de 1.058.
Con los Cachorros de Chicago, que por cierto le ha dado la espalda, Sosa formó siete equipos All-Star, ganó seis premios Silver Slugger de la Liga Nacional y acumuló 1,414 carreras impulsadas (tercero en la historia del equipo), 873 extrabases hits (tercero), 3,980 bases en total (cuarto), 1,245 carreras (sexto) y 58,8 bWAR (sexto).
En defitiviva tenía poder, una defensa sólida y un trabuco de brazo, amén de una popularidad solo comparada con la del mismísimo Babe Ruth -El Bambino-, de ahí el apodo de Sosa (Bambino del Caribe).
Sosa no era una pera en dulce ni tampoco un angelito, pero a diferencia de Bonds, siempre estuvo a dispoción de la prensa para las entrevistas, fue y ha sido un abanderado de las causas sociales en su natal San Pedro de Macorís y República Dominicana, y en la malagradecida ciudad de Chicago.
En definitiva, no recibió el beneficio de la duda.
Ahora, en un futuro no lejano, tendrá que pasar el escrutinio de uno de los comités, del Comité de Veteranos de Grandes Ligas para ver si es elegido o no a Cooperstown.
¡ Pobre Sammy Sosa, el marginado!









