YANKEE STADIUM, BRONX, NY.─ Hay momentos en la vida de un pelotero que difícilmente pueden explicarse con palabras.
Para George Lombard Jr., esos momentos se acumularon en apenas tres días: la llamada que le anunció que subiría a las Grandes Ligas, el viaje a Yankee Stadium, su debut con el uniforme de los Yankees y, poco después, un batazo que hizo estallar de emoción a su familia desde las tribunas.
“Emocionado. Los últimos tres días ya son unas emociones. Han pasado rápido con toda la familia. Han sido unos días maravillosos”, confesó Lombard Jr. al hablar de lo que ha vivido desde que recibió la noticia que todo jugador sueña escuchar.
Detrás de ese joven que ahora pisa el terreno de Yankee Stadium existe una historia de muchos años de trabajo.
Lombard Jr. sabe perfectamente que llegar a las Grandes Ligas no fue producto de la casualidad.
“Muchos años, muchas horas. Cuando era niño, con mi papá, con mis hermanos, con mi familia, con mis compañeros. Han sido muchas horas y mucho trabajo duro para llegar a este punto”, expresó.
Y en ese camino, una figura ha tenido un significado especial: su padre, George Lombard Sr., exjugador de Grandes Ligas y actualmente coach de banca de los Tigres de Detroit.
Para Lombard Jr., la influencia de su padre trasciende el béisbol. Ha sido una guía dentro y fuera del terreno, una persona a la que atribuye buena parte de lo que es hoy.
“Él me ha ayudado en todo en la vida, aunque sea la pelota, fuera del terreno, lo que sea. Me ha ayudado mucho y siempre le debo todo a él y a mi familia, a todos los que me ayudaron a estar en este momento”, manifestó.
La noticia de su ascenso llegó el lunes por la noche. Su manager en Triple-A fue quien le comunicó que debía prepararse porque al día siguiente estaría en Yankee Stadium.
“Me llamaron el lunes por la noche y me dijeron: ‘Vas para Yankee Stadium, vas a jugar mañana”, recordó.
La primera reacción de Lombard Jr. fue compartir la noticia con quienes han estado a su lado desde el comienzo: sus padres y su hermano. La llamada fue en grupo y, naturalmente, las emociones estuvieron a flor de piel.
Después llegó el momento de ponerse el uniforme de los Yankees y entrar al terreno del estadio más famoso del béisbol.
Su número, el 96, también llamó la atención. No fue una elección personal. Era el número que había utilizado durante el Spring Training y simplemente se lo asignaron al llegar a Nueva York.
Sin embargo, el número tiene un significado especial dentro de la historia reciente de los Yankees.
En 1996 comenzó una de las etapas más exitosas de la organización. Cuatro jóvenes que llegaron desde las menores fueron parte de aquel proceso que terminó convirtiéndose en una dinastía, con cinco campeonatos de la Serie Mundial entre 1996 y 2000.
Lombard Jr. reconoció que alguien ya le había mencionado esa coincidencia.
“Una dinastía, como dijiste. Unos cuatro o cinco años ganando mucho. Una meta: ganar todo lo que podamos y ganar Series Mundiales”, dijo.
Pero si algo convirtió su debut en una noche imposible de olvidar fue lo que ocurrió en su segundo turno al bate.
Después de fallar en su primer turno, Lombard Jr. regresó al plato con la misma concentración con la que había trabajado durante años en las menores.
Esta vez encontró un lanzamiento que consideró adecuado para ejecutar su plan ofensivo y conectó un jonrón que recorrió el Yankee Stadium de una manera que jamás olvidará.
“Emocionado. Es difícil explicar las emociones, eran demasiadas”, relató.
Sin embargo, su reacción dejó ver una mentalidad que va más allá de la celebración individual.
En medio de la euforia por su primer cuadrangular en Grandes Ligas, Lombard Jr. tenía presente algo más importante: el resultado del equipo.
“Lo que pensé más es en ganar ese juego. Era un juego apretado, de una carrera, y esa carrera fue grande. Gracias a Dios pudimos salir con ese juego ganado”, manifestó.
Desde las tribunas, sus padres fueron testigos de uno de los momentos más importantes de su carrera. Lombard Jr. pudo observar la emoción de su familia mientras celebraban el batazo que acababa de conectar.
Su madre, incluso, había anticipado que su hijo podía sacar la pelota del parque.
El joven campocorto explicó que no hubo ningún secreto especial detrás del batazo. Simplemente confió en su preparación.
“Yo estaba con mi plan en mi turno. Vi un picheo que le pude hacer buen swing y esas cosas salen solas”, explicó.
Para cualquier jugador, conectar un jonrón en su segundo turno de su primer partido en las Grandes Ligas puede convertirse en una razón para pensar que ya todo está resuelto. Lombard Jr., sin embargo, parece tener los pies sobre la tierra.
No quiere adelantarse. No quiere preocuparse por aquello que no puede controlar. Tampoco pretende cambiar su manera de trabajar ahora que ha alcanzado el sueño de llegar a las Grandes Ligas.
“Las cosas fuera de mi control no les pongo mucha atención. Yo voy a seguir haciendo mi trabajo, tratar de ayudar al equipo a ganar y ya”, afirmó.
Esa respuesta resume buena parte de la mentalidad con la que ha llegado a los Yankees.
El joven sabe que el camino apenas comienza. El objetivo ahora no es simplemente permanecer en las Grandes Ligas, sino ganarse un lugar, ayudar a los Yankees y continuar creciendo en el nivel más exigente del béisbol.
“Seguir haciendo lo mismo, seguir ayudando al equipo a ganar, seguir ganando juegos y ojalá estemos ganando juegos hasta octubre”, expresó.
George Lombard Jr. llegó a Yankee Stadium cargando con el apellido de un padre que conoce perfectamente las exigencias de las Grandes Ligas. Llegó también con años de trabajo familiar, sacrificios, horas de entrenamiento y el sueño que comenzó cuando era niño.
Ahora tiene su propia historia que escribir.
Y esa historia comenzó de una manera que difícilmente podía ser más simbólica: en Yankee Stadium, con el uniforme de los Yankees, frente a sus padres y con un jonrón en el segundo turno de su carrera en las Grandes Ligas.
El resto, como él mismo dejó claro, dependerá de seguir haciendo su trabajo.








