Hace meses he venido investigando el uso y trasfondo de las inteligencias artificiales y vaya sorpresa la que me he llevado.
No es solo un avance tecnológico útil para amplificar nuestro conocimiento o para acceder a informaciones en un tempo récord, sino que es todo un sistema creado para acomodar a todos sus usuarios a un mismo estilo de pensamiento y llevarlos a depender de su uso para las tareas diarias.
Chévere, no? Aparentemente nada ofensivo ni peligroso, dirá usted; y de hecho sí, los avances tecnológicos representan uno de los mayores logros de los siglos XX y XXI, lo que sería una necedad ir en contra de ello.
Pues bien, el acceso a la información rápida y la realización de multitareas en menor lapso de tiempo no representa un daño marcado per se, pero si profundizamos un poco más y observamos los patrones de comportmiento que genera el uso constante de elementos tecnológicos podemos observar lo siguiente:
Que el usiario va perdiendo la capacidad de anánalisis y el amor a la lectura de un buen libro, ya que existen aplicaciones que le resumen grandes tomos en segundos; también se ve eclipsada la agilidad con la que nacemos de reflexionar sobre cualquier tema o diferenciar entre una opinión y otra.
En los niños se puede constatar, con bases científicas, el cambios biológicos que se producen en el cerebro por el uso de ciertos aparatos tecnológicos; pero la salud no se queda atrás, dado que el uso de ciertos dispositivos del departamento de “humo y grasa” (léase la cocina), ha generado, no solo dependencia, sino un propiciamiento del consumo de alimentos ultra-procesados y modificados por esos aparatos electrónicos en la cocina.
Todo este mal uso de los avances han generado un deterioro en la salud física y emocional de los seres humanos, convirtiéndonos más en presa que en usuario habilidoso de la llamada “era tecnológica”.
Seamos cautelosos y unámonos al grupo de personas sabías qué aun atesora la Palabra de Dios en su corazón y que le sabe dar el uso y espacio que la tecnologíase merece, no permitiendo que invada nuestro pensamiento y mucho menos, que moldee nuestro comportamiento.
Utiliza las inteligencias artificiales sabiamente.
Arrópate con las enseñanzas del único Dios verdadero y mantente sellado con el sello del Espíritu Santo de Dios.
Piénsalo…









