Para muchos resultará muy familiar esa frase porque es el verso de un merengue dominicano muy conocido; y la verdad es que esa frase es muy usada aunque pecamos no darle el mérito que le atañe.
“El tiempo que se va no vuelve” pero eso no es todo, también ese mismo tiempo se lleva parte de nuestra juventud, de nuestras fuerzas y energías, se lleva muchas oportunidades que no supimos aprovechar, se lleva parte de nuestra memoria, se lleva muchos seres queridos, se lleva la chispa de ideas que pudieron cambiar nuestra vida… y muchas otras cosas más se lleva a su paso.
Mirándolo así, se puede decir que el tiempo es todo, menos bueno; pues realmente no, el tiempo es justamente algo valiosísimo que nos juega a favor cada vez que nuestra disciplina dicta ejercer nuestro deber dentro de ese espacio que se nos ha de conceder.
Todos tenemos las mismas horas, los minutos, los segundos y los días para emplearlos de la mejor manera posible. Nosotros somos dueño de lo que hacemos con el tiempo, pero lamentablemente, vivimos en una sociedad que nos empaña el pensamiento, nos da tragos fuertes de dopamina y nos engaña haciéndonos creer que siempre tenemos que tener ciertas hormonas al máximo para poder ejecutar cualquier acción que amerita todo nuestro empeño y dedicación.
Hemos aprendido erradamente, que si no hay musa no podemos actuar, que si algo es aburrido, no merece nuestra atención y que si algo nos toma mucho tiempo para perfeccionarlo, es mejor abandonarlo. Estas y muchas otras adversidades obstaculizan el camino hacia la misión que cada uno tiene en esta tierra.
Hemos sido diseñados por el Dios perfecto que nos concedió la dicho de ser buenos en cualquier disciplina que nos dispongamos a desarrollar y más aún, nos regaló todo el tiempo posible sin dejarnos saber el día de nuestro último suspiro. Regalo este que nos debe empujar a mantenernos ocupados cumpliendo nuestra misión y viviendo una vida con la disciplina necesaria para impactar vidas y ser buen ejemplo a los que nos rodean.
Ya no seamos como aquellos que mal administran su tiempo, aquellos que la tecnología los arropa en vez de ellos usarla sabiamente, aquellos que gastan sus horas refugiados en una pantalla brillosa alimentando su cortisol y bacilándose entre las emociones que las redes manejan como a títeres.
Seamos más útiles con el tiempo, más pausados pero más atinados con nuestra agenda de actividades, sacándole así, el mejor de los provechos.
El tiempo es corto porque no perdona pero es eterno y largo para aquel que lo sabe administrar.
Dios es el dueño del tiempo; su poder y autoridad sobrepasan el calendario, los años y los siglos.
Nuestro Dios no se circunscribe en ninguna línea de tiempo ni es limitado por nada, aunque realmente Él es Edición Única y Limitada, por eso Dios es la fuente de nuestra ayuda para administrar mejor ese tiempo que tenemos disponible..
Vamos a darle un total “No” a la procastinación y avancemos con elecciones firmes y constantes, porque ahí está el secreto de un futuro exitoso, siempre con Dios delante.
Piénsalo mí querido lector…









