Todos hemos pasado por momentos donde se junta el cansancio físico, mental, emocional, la enfermedad , todo en una misma jornada o en un mismo día o en una temporada y decimos ¨al dedo malo todo se le pega¨; y es que, no se termina una prueba en nuestra vida, cuando tenemos que enfrentar una prueba nueva, lo cual mantiene el cerebro segregando cortisol todo el tiempo, impidiendo un descanso real.
Nos cansamos de ser fuertes, de no darnos el lujo de fallar; nos cansamos de mantener una agenda llena; nos cansamos de estar estresados y de hecho, nos estresamos por ello; nos cansamos de llevar dietas y de ir a gimnasio, pero nos estresamos cuando tenemos que hacer ejercicios y no lo hacemos.
Nos cansamos de ser padres, de ser hijos, amigos, hermanos, compañeros, empleados, supervisores, dueños, de trabajar duro; nos estresamos porque un solo trabajo no alcanza para los gastos y el ahorro pero nos cansamos en demasía si tenemos más de un trabajo.
No scansamos si la salud no mejora y nos cansamos de la salud mental, no solamente la de nosotros mismos, sino, la de nuestros allegados y de nuestros familiares.
Y es que, no importa cuán bien nos esté yendo, siempre hay algo que tenemos que enfrentar y solucionarlo de la mejor manera, hasta que nos damos cuenta que algunos casos no tienen solución, sino, un “aprender a lidiar con ello” y es ahí donde queremos entregar todo para no seguir con ese afán, pero hay una palabra muy impactante y directa en la Biblia: “No temas porque yo estoy contigo; no desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”, Isaías 41:10.
Querido lector, no te canses, no te rindas que si tú le has abierto las puertas de tu vida y corazón a Jesús, Él siempre estará contigo en cada momento, aún en los tiempos más difíciles y de querer claudicar.
Por eso….
No te canses aunque el viento no sople a favor.
No te canses aunque te den la espalda.
No te canses aunque te encuentres solo.
No te canses aunque mengüe tu energía.
No te canses aunque la enfermedad ataque tu cuerpo.
No te canses aunque no encuentres más opciones para seguir.
No te canses aunque no veas el resultado de tu afán.
No te canses aunque te sugieran devolverte.
No te canses aunque sientas a Jesús en silencio.
No te canses aunque no tengas deseos de arrodillarte a orar.
No te canses aunque tus bolsillos se vacíen.
No te canses aunque te decepcionen.
No te canses aunque tú mismo pensamiento te susurre en contra.
No te canses aunque nadie te entienda.
No te canses! No te canses!
Sigue dando lo mejor, sigue esforzándote, sigue pasito a pasito, sigue amando, sigue orando y sigue invitando a Jesús todos los días a decidir por ti.
No estás solo y no lo estarás, eres un hijo de Dios y los padres cuidan a sus hijos.
Un día a la vez.









