Esta es una frase muy de moda que las personas utilizan cuando quieren referirse a ser diferentes, a salirse del molde y ejecutar acciones que no son predecibles ni manipuladas por el entorno.
Aunque no sepamos exactamente la definición de “sistema”, hemos reconocido en nuestro interior, que de alguna manera debemos de romper con el patrón y salir de la jaula. No obstante, solemos jugar al gato y al ratón dentro del mismo “sistema” cuando nos encadenamos nosotros mismos con vicios o adicciones y al otro día preparamos la maleta para irnos del sistema porque nos corrompe.
No es tarea fácil querer dejar atrás el sistema con sus costumbres e influencias colocadas en las antípodas de la moral y los buenos principios cuando nuestro diario vivir se acomoda con las herramientas que él mismo nos ofrece para salir adelante y complir con las agendas diarias; pero es allí es donde está tu reto como hijo de Dios: evitar estar en dos aguas o mejor dicho, ser un ente “tibio” que puede ser vomitado, como lo dice la Palabra de Dios en el libro de Apocalipsis 3:16.
Tibio es la persona que coquetea con el mundo pero se hace llamar hijo obediente de Dios; el que no ha sacrificado la carne sino que le ofrece todos los placeres que cree necesitar y vive a espaldas de los mandatos de Dios establecidos en su Santa Palabra.
No podemos servir a dos amos, dice la Biblia; tenemos que amar y respetar a uno solo, a Jesucristo, quién dió su vida por nuestros pecados para que no seamos presa del enemigo y títere del sistema satanista disfrazado de comodidades y lujos que, según ellos, necesitamos para estar a la vanguardia.
Todos tenemos la capacidad de observar los frutos del sistema adámico cuando dirige nuestra vida y diferenciarlos magistralmente del fruto del Espíritu Santo cuando le obedecemos a Dios y Él vive en nosotros.
El sistema corrompe la armonía de nuestro espíritu con el Creador del universo, nos quita el balance entre la salud y el bienestar, nos mantiene entretenidos con música, cine y deportes para desenfocarnos del conocimiento interno espiritual y poco a poco nos va haciendo co-dependientes de la tecnología y la era digital.
El cristiano que se arropa con la sábana del sistema deja de orar y solamente escucha oraciones cortas en el celular, deja de leer la biblia y solo lee los versículos con levadura que le envían todas las mañanas, pierde la capacidad de análisis porque solamente postea las frases sacadas de contexto que el algoritmo le envía en los reels o en imágenes de Pinterest y se le atrofia la habilidad de discernimiento de las escrituras porque siempre se apoya de la inteligencia artificiale para que le explique los textos que no lee.
Todo esto se ha ido incrustando sigilosamente en nuestras vidas pero debemos pedir y usar la autoridad y la fuerza de Dios para usar el sistema hasta donde sea necesario sin dejarlo actuar ni influenciar nuestras vidas y nuestra comunión con Dios.
Somos los hijos de Dios, somos los seres humanos hechos a su imagen y semejanza, somos el motivo de lo que pasó en la cruz del calvario, me voy aún más, nosotros somos la razón de la creación del mundo y de un ser supremo que mandó a su hijo a morir por nosotros. No somos poca cosa, no somos como las olas del mar que el viento mueve a su ritmo.
Tenemos el mejor de los títulos y debemos esforzarnos para resplandecer, ser diferentes y mantener el sello de Hijos de Dios en nuestra frente para que el príncipe de los aires, las ondas y frecuencias nunca pueda penetrar en nuestra psiquis.
Somos seres en alerta máxima! Somos los guerreros de Dios! Levanta tu espada y que
Dios te bendiga mucho, colega!









