Ayer estuve conversando con una persona que me expresó que no quería hacer algo muy sencillo porque creí que no se sentía merecedor de participar en ello.
Me resultó un tanto extraño escuchar eso, no solo porque sé que es una persona llena de confianza, ni porque la actividad no era de tanta envergadura que requería un pedigrí importante para participar, sino porque me llevó a pensar en las veces que nos hemos sentido inmerecedores de tal o cual cosa.
El ser humano tiende a muchas cosas, y una de ellas va en dirección a sentirse merecedor del universo con todas sus galaxias, planetas y órbitas, pero en el otro extremo, ese mismo ser humano tiende a sentir cierta cohibición al momento de sumergirse en aquello del cual no se siente merecedor.
No porque no sea merecedor, sino porque en su psiquis se ha creado la idea de que no está apto pertenecer o tener cuál cosa; idea que se alimenta de la equivocada narrativa que la sociedad impone de manera injusta, diciendo que las personas con prestigios son aquellas que hacen ciertas actividades o pertenecen a ciertos grupos o visten cierta moda o se costean ciertos placeres lujosos.
Vagamente se ha ido insertando ese pensamiento en muchas personas llevándolas a creer que son merecedoras de pocas cosas.
No hay nada más falso que esto, mi querido lector. Usted es creación divina, usted es semejante a Dios, usted comparte territorio con la naturaleza perfecta diseñada por Dios y porta su ADN; y más aún, Jesús vino a morir por usted, así que usted no es cualquier cosa.
Con el mero hecho de usted haber sido concebido, ya es merecedor de las mejores y más buenas oportunidades de esta vida.
Su valía no se mide por los indicadores diabólicos impuestos por la sociedad moderna, pero tampoco por el listado de “pendientes” que debe ejecutar una persona durante su vida para encontrar la felicidad plena, no!
Ya usted es merecedor y como dice la Palabra de Dios en el libro a los Gálatas: “usted es más que vencedor por medio de aquel que le amó”.
Acepte su gran valor, analice de dónde usted vino, piense en aquel que lo protege todos los días y honre con sus valores al Dios todopoderoso que hace de usted un mejor ser humano modelo para esta sociedad que se vuelca en el lodo de la inmoralidad vanidosa y pasajera.
Dios es el que le da valor y le califica, a usted, procuremos estar a la medida que nos pide Dios.
Dios te bendiga, criatura merecedora de todas las bendiciones de Dios!









