Al ver este tema, inminentemente nuestro pensamiento se va al área de finanzas y presupuestos, pero no, esta vez pretendo hacer una corta reflexión sobre la inversión, pero aquella que se hace con el cuerpo, el alma y el pensamiento.
Estos días de fiestas, regalos, muchas cenas y compartir en grupos, generan sin desearlo, muchos gastos financieros que terminan dándole un aspecto tenebroso al primer mes del año: enero; el cual tiene fama de encontrarnos sin un peso en el bolsillo y con algunas deudas recién nacidas.
No debe de ser así, los gastos normalmente se generan por la compra de regalos, los viajes para ir a visitar amistades y familiares o por lo que se invierte en un compartir y sin lugar a dudas puedo inferir que muchas veces se generan gastos en pretenciosos regalos con la finalidad de alcanzar prestigio, aceptación y un posicionamiento envidiable en dicha reunión.
A veces, y me incluyo, hemos pecado de ilusos al considerar que un regalo costoso o un plato despampanante o una sorpresa cara afectará de manera positiva una relación llevándola a cargarla de amor y respeto. Realmente no es así, las cosas simples, los regalos desde el corazón y con un amor genuino es lo que asegura que los lazos se fortalezcan en las relaciones.
Siempre hemos dicho que en lo simple encontramos la belleza, que en la naturaleza nos conectamos más con el creador y que en las cosas materiales no radica el amor pero caemos en el consumismo y en la gastadera de dinero, al dejarnos llevar de las fiestas y la publicidad.
Lo que debe estar grabado en nuestra mente y colgado en nuestro cuello es la idea de “inversión”; así mismo, invertir en mi familia y seres cercanos; invertir tiempo, experiencias, buenas conversaciones, escuchar al que necesita desahogarse, ser útil en lo que necesite, cargar sus maletas (y no las de viaje), curar sus heridas, acompañar a la iglesia, entre otras cosas van asegurar que estas fiestas sí estén cargadas del verdadero hasta que cada persona debe hacer para construirlo una sociedad más firme, fuerte y entrelazada con lazos inquebrantables como es el amor y el respeto.
Analicemos bien qué tipo de gastos hacemos y cómo podemos convertirlo en una inversión que resiste el largo plazo.
Dios nos guía y nos ayuda y, de hecho, ya nos ha dado “moneditas de oro” para invertirlas sabiamente.
Querido lector, seamos parte de la inversión sabia y no del consumismo gastador de hoy día.
Felices fiestas.









