Hablando con una amiga sobre armarios y ropas ordenadas, vino a mi mente la importancia de mantener la disciplina en cada área de nuestra vida.
La disciplina es el actuar de manera controlada, constante y responsable para obtener resultados.
Cuando somos disciplinados, querido lector, tenemos autocontrol, seguimos rutinas, hay armonía en nuestros días, desarrollamos hábitos saludables, mantenemos el enfoque de lo que hacemos y somos respetuosos de las reglas y los mandatos. Esto nos muestra que la disciplina está cargada de aspectos muy positivos para nuestro desenvolmiento en lo cotidiano.
El mismo Jesús cuando vivió y compartió sus enseñanzas con los discípulos, los motivaba a orar, a dejar el afán, a sentarse y escuchar la Palabra de Dios; les enseñaba sobre moral, ética y valores; sobre el amor y la tolerancia. Todos estos aspectos van de la mano con la disciplina porque para aplicarlos es necesario enfocar nuestras acciones a un propósito y objectivo que estrictamente serán alcanzados solo con disciplina y preseverancia.
De la misma manera, el profeta Daniel en el Antuiguo Testamento repetía lo valioso que había sido dedicar su vida a la oración. De manera disciplinada él se sumergía en largos períodos de oración y de manera rutinaria cumplía con lo que realmente le daba la oportunidad de acercarse y escuchar a Dios.
La disciplina es fundamental para el crecimiento personal y para respetar acuerdos con otras personas e indudablemente, nos convierte en mejores seres humanos. Cada persona encuentra en su interior la manera de desarrollar la disciplina mediante prácticas que se acomoden a su estilo y filosofía de vida; no obstante, las disciplina requiere esfuerzos extras y sacrificios que no todas las personas están dispuestas a realizar.
A esto ha venido nuestro Señor Jesús, “a darnos vida y una vida en abundancia”, cita la Santa Biblia. A vivir una vida armoniosa, en paz y tranquilidad, donde solamente enfrentemos los desafíos que Dios permita para hacernos mejor cristianos y alcanzar vida eterna; no vinimos a vivir en dosorden, sin propósito ni disciplina y por ello sufrir tristes consecuencias.
Para una persona que cree en Dios y practica con fe los mandamientos que se encuentran en La Biblia, le resulta súmamente fácil vivir una vida disciplinada porque ha decidido actuar sobre los fundamentos cristianos. Si usted se dedica a mantener un comportamiento digno de un hijo de Dios, debe saber que una vida cristiana es una vida disciplinada y equilibrada.
Está usted viviendo la mejor versión de su vida? Es la disciplina su aliada en cada jornada? O está pagando las consecuencias de una vida sin disciplina? Los invito hacer un esfuerzo extra, querido lector.
Piénselo…









