Este título si es de lo más rebuscado, querido lector; pero no se asuste, es algo muy simple, algo que a diario practicamos. La resonancia límbica se refiere, nada más y nada memos, que al contagio de emociones entre las personas cercanas.
Y usted dirá: cómo así? Pues déjeme decirle que el ser humano tiene la habilidad inconsciente y dada por Dios de sincronizar nuestras emociones con las personas que nos rodean. Si usted está al lado de una persona que se ríe mucho, aunque usted no sepa el motivo, sin pedirlo, se comenzará a reir también, en cambio, si se encuentra con una persona que está llorando con mucha pena y dolor, usted sin desearlo, se sentirá con cierta tristeza.
En un espacio de oficina, por ejemplo, o en el área de trabajo en la cual pasamos muchas horas con los compañeros, es muy fácil detectar cuándo el ambiente se pone tenso porque alguien anda malhumorado y cuándo hay un ambiente alegre porque todos están felices.
Pero esto no es coincidencia, porque en la misma Palabra de Dios, nuestro libro guía, se nos motiva a sentir por el otro, a ser empáticos, a alegrarnos con las alegrías de los demás y a llorar cuando otros lloran; pero más que copiar actitudes de otros, el consejo va dirijido a mostrar empatía por las situaciones de los demás, siendo un ser de apoyo y solidaridad; y es que, Dios ya lo sabía, y de manera magistral y perfecta lo instaló en nuestro cerebro y sin darnos cuenta ni buscarlo, reímos con los demás y lloramos con los demás.
Ahora bien, de la misma manera que emociones buenas se sincronizan entro varias personas, así mismo las malas actitudes tienden a insertarse de manera sigilosa en nuestro subconsciente, por lo cual es de suma importancia fortalecer nuestro sistema emocional, declarar amor y fortaleza de Dios en nuestras vidas, de manera que seamos bastante humildes para conectar con las personas pero, lo suficientemente fuertes para mantenernos blindados ante cualquier emoción que nos quiera llevar a un bucle de negatividad, enchufádonos a lo más bajo de nuestra espiritualidad.
Si las emociones se contagian, procuremos ser entes generadores de las mejores y más lindas emociones, tanto que el que nos rodea, pueda ser bendecido y desee permanecer junto a nosotros por la paz y la tranqulidad que emanamos.
Cabe destacar que la única fuente de amor, paz y emociones positvas se llama Jesucristo. Todo lo demás produce una felicidad temporaria y condicionada.
Un buen ser humano es aquel que ha conocido a Jesús y que en su día a día practica los más productivos y eficaces comportamientos dignos de transformar una situación difícil en un momento de aprendizaje que propicia un estado de tranqulidad y sosiego, encaminándonos a tener una mejor sociedad, aplicando así el versículo 15 de Romanos 12, donde cita que debemos amar al prójimo como a uno mismo.
Miremos siempre a Jesús y escuchemos lo que tiene que decirnos cada mañana al empezar el día o en la noche, al momento de agradecer por el fin de la jornada, no sea que nos estemos acumulando con cargas negativas que la resonancia límbica atrajo de otras personas y la continuemos multiplicando como un virus dañino a nuestros seres queridos.
En Jesús nace el amor que todo lo puede y que perdona nuestras ofensas. Acerquemonos a ÉL sin Pena.
Piénsalo, querido lector…









