Hace días he venido notando que mi paciencia fluctúa de un nivel a otro en distintas situaciones que requieren de ella. Pareciera que todos los días tengo un nivel de paciencia diferente, o muy alto o muy bajo; entonces me preguntaba, estará bien tener paciencia en algunas situaciones y en otras no? Y de qué depende esa marea de paciencia que sube y baja en el ser humano?
Pues te cuento, mi querido lector, que la paciencia es un elemento del fruto de Espíritu Santo Dios, mencionado detalladamente en el libro a los Gálatas en la Santa Biblia.
Tener paciencia es como poseer un componente de ese Espíritu que nos guía, no solo a ser mejor persona, sino a tratar mejor a todo el que nos rodea y llevar una vida más tranquila a pesar de las visicitudes que se presentan; y digo ¨tranquila¨ porque la paciencia, de hecho, es esa capacidad de tolerancia, de observar los contratiempos sin alterarse ni desesperarse, aún cuando queremos salir corriendo.
La paciencia lleva consigo la calma, y se podría definir como esa virtud que desarrolla el ser humano donde implica esperar pacientemente, aceptar situaciones difíciles y mantener una actitud positiva ante la adversidad.
Esto como que le suena mucho, verdad? Pareciera difícil de aplicar. Pues realmente lo es, porque el que logra desarrollar la paciencia en sí mismo, ya está venciendo batallas y está siendo ejemplo a otros porque se requiere tiempo, esfuerzo y mucha disciplina mental para acallar esos pensamientos de querer actuar de manera inmediata.
Otros elementos del fruto del Espíritu Santo de Dios son: Amor, Paz, Benignidad, Bonded, Fe, Mansedumbre y Templanza, pero es la Paciencia el elemento necesario en estos tiempos. Necesitamos estar en el tiempo de la paciencia.
Estamos en los tiempos de rapidez, desesperación, intolerancia, el famoso ¨fast food¨; se dice que hoy que no hay tiempo para perder; el internet debe ser cada día más rápido, las entregas de delivery deben efectuarse en tiempo récord, las compañías de envío de paquetes deben tener empleados que “dejen la piel” en la pista” porque todo es para ya o para ayer; nada ni nadie puede esperar, eso representaría una tardanza, una ofensa, lentitud en el trabajo, empleados ineptos, péridda de dinero y de contratos, y muchas otras cosas más inventadas por el desenfreno al que nos ha llevado esta sociedad.
Si me voy al terreno personal, a las relaciones familiares, íntimas, de amistades, de persona a persona, la paciencia sigue jugando un papel estelar. En una pequeña charla entre amigos existen diferentes puntos de vista y, por supuesto, cada quien hace prevalecer el suyo, pero la paciencia brilla porque es una virtud carente en muchas personas.
Para escuchar al otro, no hay paciencia, ni para entenderlo, ni para tolerarlo o para aceptar que no piensa como nosotros y que eso está bien, también.
No obstante, la paciencia es también tolerancia, calma, esperanza, comprensión, resiliencia y todas estas cualidades nos unen a las demás personas y nos hacen permanecer en armonía los unos con los otros.
Quiero dejarle saber a los lectores, a sabiendas que ya mucho de ustedes manejan esta información, que la paciencia hay que desarrollarla día a día y que la fuente perfecta de paciencia es la comunión con Dios. De allí viene todo lo bueno que un ser humano pueda poseer.
Sé paciente, habla con amor, tolera y perdona al que te rodea porque en un mundo que todo gira a millón, el que tiene paciencia lo tiene todo.
Se el ejemplo de persona paciente y pacífica que alguna vez deseaste imitar, se un “rol model”. Se ese amigo que transmite paz o ese familiar que todos llaman para desahogarse porque tu paciencia es inmesurable y es una delicia hablar contigo. Se una de las cosas más buenas de este mundo.
Lo puedes lograr!
Piénsalo!









